Crónica de raro propósito del Alhambra Sound. Nuestro último #FestivalIdeal

Cuando a principios de año decidimos crear el blog, sabíamos que iba a ser complicado que las cinco fundadoras pudiéramos coincidir en el mismo sitio (no podemos vivir más lejos y somos pobres… que le vamos a hacer, ¡la vida es así!). Esta es la razón por la que cada vez que más de dos de nosotras se reúnen en un concierto, se hace la crónica seria y una paralela de “raro propósito”. Algunos se preguntarán ¿qué significa eso?, pues es básicamente una forma alternativa de disfrutar de un concierto, pensad que cada una de nosotras tiene unos gustos y unas prioridades distintas. Lo que no imaginamos es que sólo tendríamos que esperar 7 meses para coincidir, ya que los amiguis de Sixt, Trivago y Ticketea nos proporcionaron, gracias al #FestivalIdeal, los recursos necesarios para ello.

Después de todo este rollo os aviso, aunque se suponía que en el Alhambra íbamos a estar junticas ¡no hubo forma! Como máximo llegamos a encontrarnos 4 y tuvimos que alargar un día más nuestra estancia en Granada para poder conseguir esta foto, porque, como dijo Penélope en el festival, ¡somos un colectivo raro… y además desorganizado! xD

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Crónica de una catalana desde el foso

Este viaje podría llamarlo “Cómo viajar a Granada en poco más de dos días y no morir en el intento”. Y ahora, os explico a qué viene este titular.

En estos tiempos de crisis y como buena parada que soy, me estoy formando para poder encontrar un trabajillo mínimamente digno, así que el viernes yo me levanté como cada día a las 6:30 de la mañana para ir a clase. Por si eso era poco, para llegar a tiempo a mi cita con Lucía para recoger el coche, tuve que comer fuera, con lo que olvídate de siestas, relax y/o momentos de desconexión “cerebral”.

Tras esa mañanita movida, llegó el momento de recoger el precioso Clio rojo que Sixt nos prestó para ese maravilloso viaje hasta Granada (aunque Lucía y demás acompañantes lo llamaran el coche cani, debido a las pegatinas que llevaba por todas partes). Y empezó nuestro camino de Santiago, ¡¡perdón!! camino al sur de la península. Y como tengo complejo de mami frustrada, fui yo la que llevó los víveres para el viaje: Galletitas de todo tipo, patatas fritas, gusanitos, sándwiches, agua. Y en cada parada, caía algo dentro de nuestros estómagos. Creí que en cuanto pillásemos carretera, mi única neurona viva en ese momento se escaparía al mundo de los sueños, pero no fue así. Las charlas dentro del coche se sucedieron hasta casi la puerta del hotel, y eso fue alrededor de las 3 de la mañana. Después de 22 horas despierta, por fin me metí en la cama y caí en coma.

Al día siguiente, ya más descansada, me esperaba algo nuevo. Bueno, nuevo en cierta manera. He estado en bastantes fosos de conciertos, haciendo fotos de los grupos, pero nunca en un festival. En los primeros grupos que vi, Napoleón Solo y Full, no me atreví a meterme en la trinchera de fotógrafos. Además, al haber poca gente, me pude acercar bastante para inmortalizarlos. Pero a partir de Jero Romero, empezó la vorágine de carreras.

Estoy acostumbrada a que los grupos limiten el número de canciones en los que puedes quedarte allí delante suyo, en una posición privilegiada sin agobios ni apretujones. Que entras allí a currar, pero oye, entre foto y foto, te pegas unos cantes y  unos bailes la mar de majos. Ver a través del objetivo a Jero y a León Benavente fue increíble, aunque al llegar el turno de Izal me quedé alucinada. No pusieron límite para los fotógrafos, así que prácticamente me pasé el concierto entero allí dentro, como si en realidad estuviese en mi querida valla.

Pero claro, llegaba el turno de Second y de ellos sí que no quería perderme ni una nota. Los murcianos son mi debilidad, y como desde marzo no les había podido ver, estaba deseando entrar en aquel foso. Pelos como escarpias se me pusieron cuando abrieron con 2502, una canción que, hasta al cabo de bastantes meses después de que la estrenaran, no me di cuenta de que es la fecha de mi cumpleaños, el 25 de febrero (me encantan estas casualidades). Aunque lo que más me gustó no fue algo musical, precisamente. Ver como Fran Guirao, batería del grupo, me reconocía entre las sombras y me sonreía de oreja a oreja, hace que las horas de viaje, la falta de sueño y las carreras de foso en foso, valgan totalmente la pena. Ya son casi cinco años como seguidora del grupo (mejor dicho, como Secondfriend, que los fans de Second somos una gran familia extendida por todo el país) y el estar allí, fotografiándoles, es para mi todo un honor. Sólo pude quedarme allí durante las tres primeras canciones, así que en cuanto nos pidieron que desalojáramos, me mezclé con el resto de fans entre las primeras filas para bailar La Distancia no es Velocidad por Tiempo, emocionarme con Rincón Exquisito y cantar N.A.D.A. y Autodestructivos  como si no hubiese mañana.

Y sintiéndolo en el alma, la última canción de mis murcianicos, Rodamos, la tuve que escuchar in itinere, cuando salí camino a fotografiar a otras bestias pardas del festival, Vetusta Morla. Los madrileños congregaron a todo el público casi sin excepción, era algo impresionante.

El problema llegó cuando me propuse rodear a toda esa gente en éxtasis e intentar llegar al escenario Inside donde iban a empezar Kakkmaddafakka: fue totalmente imposible llegar hasta allí, así que decidí que era un buen momento para recuperar el líquido que había perdido con los murcianos y los madrileños en la barra de la zona VIP.

Llegó el momento de echar una moneda al aire. Lori Meyers y The Zombie Kids coincidían en horario. Lancé un euro y, antes de que nadie se diese cuenta e intentara quitármelo para tomarse una cervecita a mi salud, me decidí por los granadinos. Tras salir de nuevo de hacerles unas bonitas fotos, me entremezclé con la gente hasta que acabaron los conciertos y regresé a la zona VIP, donde me hice con un lugar donde sentarme y recomponerme de tanto ejercicio.

¡Ah! y os estaréis preguntando en qué momento pude ver a mis colectivas, ¿no? Desde los fosos y cámara en mano puede parecer que no hice ni caso a mi gente, pero no es así. Me crucé con Lucía varias veces por la zona VIP, con Penélope en las primeras filas de Second, Marisa era como una mariposilla que revoloteaba de aquí para allí y que se te colgaba del cuello para decirte “¡Cuánto indie guapo hay por todas partes!”, y Esther… ¡Ay, mi madrileña! A ella fue a la única que no vi hasta el domingo, poco antes de coger el Clio cani para volver a Barcelona, que el lunes me esperaba mi despertador a las 6:30 de la mañana, otra vez.

Crónica de una catalana pajareando por Granada

Mi viaje a Granada no pudo ser más loco, comencé el viernes en Zaragoza, cogí el AVE hasta BCN, de allí un tren a Terrassa y finalmente, en coche volví a Barcelona. Todo para poder dejar mi Kodi aparcado y cambiarlo por el #Cliete que nos habían preparado los amigos de Sixt. A todo este periplo le siguieron más de nueve horas de viaje y por fin, a eso de las dos de la mañana, ¡estábamos en Granada!

Unas cuantas horas de sueño reparador después nos levantábamos y nos lanzábamos a la búsqueda de la tapa perfecta por las calles de la ciudad nazarí y es que unas horas más tarde teníamos que entrar en el Alhambra Sound y pretendíamos comer antes. Por fin nos decidimos por un bar y tres vermuts caseros después empezaba a tener un problema… ¡iba pelín “alegre”!

Y así, pelín “alegre” fue como me presenté en la puerta del recinto y como me chupé a pleno sol casi 45 minutos de cola, así que cuando conseguimos entrar a eso de las 15h, tras sufrir un cacheo exhaustivo, tuvimos que volver a hidratarnos, era eso o desfallecer 😉

Los Napoleón Solo se encargaron de empezar a hacerme bailar “Lolaila Carmona” y “Ramira”, además de recordarme el festival Elastic del año pasado, en el que mi amiga Bitta subió al escenario para hacer de corista en este tema. Después llegó el primer subidón del día con los sevillanos Full, una pena que no pudiera ver el concierto entero por ir a coger sitio para ver a Jero Romero ainsssssssss ¿Qué os voy a contar que no os haya dicho ya sobre Jero? Pues que cuando el toledano subió al escenario una servidora sólo podía suspirar corazones, “soltar hormonas al aire” (como cantan mis amigos The Noises) y llorar. Sólo tres acordes de “También” me bastaron para hacerme llorar como una magdalena, algo sin sentido, lo sé… pero a mí este hombre me causa esa reacción, os he dicho en múltiples ocasiones que es mi criptonita. Total que disfruté del resto del concierto entre nerviosa, llorosa y emocionada, lo que viene siendo ¡un cuadro! Hay algunos vídeos que Marisa me grabó en los que me doy tanta vergüencita ajena que mejor no los enseño, ya sabéis… siempre será peor de lo que podáis imaginar y no quiero acabar con la poca reputación de persona seria que me queda 😉

El concierto de León Benavente pasó como un suspiro entre cerveza y cerveza, así que sin saber muy bien como me vi en medio de una marabunta de personas que gritaban y canturreaban canciones de Izal.  [Hago un inciso para decir, que a estas alturas del festival todavía no me había reencontrado con el Colectivo al completo, seguíamos siendo 3/5 partes, dicho esto, sigo con la historia.] Como a mi estos muchachos empiezan a cansarme, últimamente los veo más que a mi madre, decidí junto a mi amiga Fanny pajarear, así que nos introdujimos en la muchedumbre, acabamos hablando con medio recinto y haciéndoles cantar en un micrófono hinchable que solemos llevar a los festivales, como si de un karaoke se tratara. Disfruté el concierto de Izal como nunca, y eso que no miré ni una sola vez al escenario 😉

Tras Izal me llegaba un whatssap, era Pe, mi gallega favorita ¡por fin estaban en el recinto! La cosa es que empezaba el concierto de los Second y mientras Esther se iba a coger sitio para Vetusta, la gallega decidió colocarse en las primeras filas, resultado ¡seguíamos sin coincidir! ¡un drama! Poco a poco, mientras miraba a lo lejos el “rincón exquisito” de los murcianos, una servidora iba alcanzando el nivel etílico conocido como “ir de Jäger hasta el flequillo”, así que todo me empezaba a dar un poco igual. Por eso decidí ver el principio de Vetusta desde uno de los pasillos que comunicaba los dos escenario, para hacer tiempo mientras empezaban los Kakkmaddafakka. A lo mejor os preguntáis ¿cómo es que no vio a Vetusta? Pues veréis bonitos, a estas alturas de mi vida y tras asistir a 13 festivales este verano, los he visto tantas veces que me la empiezan a traer al pairo y prefiero bailar como si no hubiera mañana al ritmo de los noruegos. Y así lo hice, desgasté mis zapatillas al ritmo de “Is she”, “Gangsta”, “Your girl”, “Restless“…, además de imitar como nunca a sus magníficos coristas ¿os he dicho alguna vez que yo de mayor quiero ser corista de Kakkmaddafakka?

Tanto forcé la maquina que al acabar el concierto me entró una migraña horrible, algo espantoso, algunas de mis amigas decían “tienes que comer”, otras “igual deberías irte”, mi cerebro me pedía drogas (de las blandas, tipo Ibuprofeno… no penséis mal que os conozco) y al final, me decanté por ir a comer algo a la zona VIP. Aquí, mientras me iban a buscar algo para cenar, encontré a la mitad del Comando Gallego, pero para mi sorpresa ¡no estaba Penélope! ¿cómo podía ser? ¿no iba a poder achucharla nunca? De repente, mientras hablaba con algunos recién llegados y me conseguían el tan deseado ibuprofeno escuchaba un “somos un colectivo raro ¡y desorganizado!” ¿adivináis quien lo dijo? ¡Bingo! Allí esta Penélope, buscándome y encontrándome, luego llegaron los achuchones, vaya que si nos achuchamos, un poco más y nos caemos de los sofás al suelo rodando al más puro estilo Second 😉

El resto de la noche se convirtieron en bailoteos y risas con las chicas, a veces estos bailes fueron patrocinados por los Lori, otras por los Indies Cabreados, la cosa es que el Alhambra y Granada se veían mucho más bonitos flotando a “tres centímetros del suelo” y es que, esa noche, se me había olvidado ponerme las zapatillas con ventosas que se encargan de bajarme de la nube 🙂

Crónica de las aventuras y desventuras de una gaditana

Ay, Alhambra Sound, ¡qué ganas tenía de verte! Volver a Granada siempre es bien, y si encima sabes que vas a ver al resto de las chicas de raro propósito, es aún mejor. Tantas eras las ganas que me planté en Graná dos días antes del festival para ir haciéndome a la durísima vida de las tapas y los pubs (vivan las vacaciones universitarias post-exámenes de Septiembre, ¡vivan!). Así que, cuando las catalanas llegaron en la madrugada del viernes al sábado, ya les llevaba una ventaja considerable, además de una gran cantidad de sueño acumulado (es lo que tiene acostarse tarde la noche anterior y que las chicas llegasen pasadas las dos de la mañana… Lo que hace una por las amigas).

Total, que a pesar del cansancio, el día del Alhambra Sound me levanté con ganas de darlo TODO. Tras superar la cola para las pulseras y los cacheos de la puerta, nuestros pasos se dirigieron a la zona VIP: había que aprovechar lo poco que quedaba de las dos horas de barra libre de cerveza, y además el calor que hacía en Graná (mamá, no me vuelvas a decir que me lleve una rebequita, que al final me sobra, de verdad) invitaba a ello.

Y aquí, chicos y chicas, damas y caballeros, es donde Marisa empezó a ser feliz: ¡QUÉ DE INDIES GUAPOS HABÍA EN GRANÁ ESE FINDE, POR FAVÓ! Será que en Cádiz me tienen muy mal acostumbrada, pero es que, mirase donde mirase, se me iluminaban los ojillos. Que si este moreno es muy mono, pero ojo al rubio que acaba de pasar, pero Marisa que a ti te molan más los morenos, pero es que ese rubio… Mientras empezaba a notar como el aire de mi alrededor empezaba a cargarse de hormonas, Lucía me devolvía a la realidad: “¡Peque, que va a empezar Full!”. Así que pusimos rumbo al escenario Inside, en un camino en el que si no me enamoré tres veces, no me enamoré ninguna.

Tras un conciertazo de los sevillanos, tocaba cambiar de escenario para ver a… ¡JERO ROMERO! Que sííííííííííí, que todos sabéis que la que tiene debilidad por Jero es Lucía (aún la recuerdo con la babilla caída y los ojos como platos), pero es que esa barba… ¡ESA BARBA SEÑORES! ¡ASÍ OS QUIERO A TODOS A PARTIR DE AHORA! ¡VIVAN LAS BARBAS! (Marisa, contrólate, que esto después lo lee más gente de la que parece y se llevan una impresión tuya muy mala). Después de una hora entera dándolo todo con Jero y supurando corazoncitos y hormonas, tocaba retomar una relación que llevaba tiempo aparcada (cosa de un mes, no más): Jäger, yo te amo con la fuerza de los mares, yo te amo con el ímpetu del viento. Y a partir de aquí es cuando todo empieza a liarse.

Después de disfrutar haciendo izales, de perder a Lucía, Fanny y Bitta entre la multitud y de sentirme como Tom Hanks en “Náufrago” (que nooooo, que los andaluces no exageramos, de verdad), decidí que la única solución medianamente razonable era dirigir mis pasos hacia el escenario Inside para disfrutar de los Second. Como diría el anuncio del comparador de seguros: ¡ACIERTO! En un lado del escenario me encontré a Pe y a Esther de casualidad (de hecho fueron ellas las que me vieron vagando entre la gente). Lo siguiente que recuerdo es que Pe y yo terminamos en primera fila (no me preguntéis como, de verdad, aún tengo a varios grupos de científicos buscando una respuesta) dándolo todo. Y cuando digo todo, es TODO, Pe puede dar fe de ello. Total, que tras superar con crecer los requisitos mínimos para ser considerada Secondfriend y de profesar a los cuatro vientos mi amor por los murcianos, Pe desapareció camino de su peregrinación Vetustiana y Lucía surgió de entre la multitud para rescatarme. Tras disfrutar de unos cuantos temas de Vetusta desde el pasillo y de echarle mucho morro a cierto asunto, llegaba el turno de disfrutar por primera vez de Kakkamadaffakka en directo (sí, he tenido que comprobar en Google que lo he escrito bien).

Después de jurarle amor eterno a los noruegos, en especial a sus coristas, nos dirigimos hacia la zona VIP, ya que el hambre apretaba y el cansancio empezaba a hacer acto de presencia. Y allí fue cuando el semi-milagro ocurrió: mientras íbamos a buscar algo de comer, Pe apareció por allí al grito de “Somos un colectivo raro ¡y desorganizado!” y, POR FIN, todo el Colectivo estaba reunido… ¿Todo? ¡No! Un quinto de él había huido presa del pánico, y el Colectivo se resistía todavía a reunirse por completo (si es que el raro propósito no lo hemos puesto por capricho…). El resto de la noche se puede resumir en achuchones, risas, bailes, un cubalitro de Vodka que me hizo sacar mi lado hijoputi (Tamara, si lees esto, te quiero), la odisea de los Taxis y un bocadillo reparador a las 3 de la mañana.

Menos mal que todas, chicas previsoras, decidimos ampliar nuestras vacaciones un día más y el encuentro pudo ser posible, porque si no, nada de esto hubiera tenido sentido 🙂

Queridos Reyes Magos Indies: quiero un corista de Kakkamadaffakka en mi vida (y, por si cuela, o el rubio o el moreno al que vi por Graná, por pedir…).

Crónica de una estrella del rock, digo… de una gallega en Granada

Lo de mi viaje a Granada tiene algo de locura pero la emoción me embargaba ¡nos íbamos a reunir todas! Así que a las cinco de la madrugada dejamos las calles listas  y con música en nuestro #CuquiClio  de Sixt para las 12 horas de viaje que nos esperaban. La expedición gallega partía rumbo a Granada.

Un par de vueltas de más que dimos por Madrid al recoger a Esther, las necesarias paradas técnicas amenizadas con bailecito a ritmo de Marc Anthony en alguna gasolinera (el señor gasolinero todavía se debe estar preguntando quiénes eran aquellas dos piradas) y la decisión del GPS de llevarnos de excursión por las afueras de Granada hicieron que llegase al festival más tarde de lo esperado. Ya era bastante duro asimilar que ver a Jero Romero era imposible pero tenía la esperanza de ver a mis adorados León Benavente, pues no. Entre el paseíto del GPS y las colas para acceder al recinto (y eso que ya no estaban cacheando) me los perdí. En fin, prefiero no pensarlo… Cuando por fin pude entrar en el recinto llevaba una mala leche que no era ni medio normal y como yo no me había hecho todos esos kms para cabrearme, decidí que me iba a emborrachar y a disfrutar de lo que quedaba de festi que no era tontería.

Empezaban a tocar Izal, así que pillé tokens y cerveza en mano decidí que era un buen momento para coger sitio en el concierto de Second y socializar (sí, Izal me incita a la bebida y a socializar, es lo que hay). Lo que yo no me esperaba era el recibimiento que me aguardaba delante del escenario Inside. Allí estaban mis murcianos preferidos probando sonido mientras yo no dejaba de saludar a mis añorados amigos del sur. Venga a dar abrazos, venga a dar besos y venga fotos con unos y con otras. Creo que mi nombre todavía resuena en el recinto ferial de Armilla de las veces que fue nombrado y chillado (y mira que tiene su coña el nombrecito esdrújulo). Digo yo, que así es como se debe sentir una estrella del rock… Por cierto, ni rastro hasta el momento de mis compañeras de #Colectivo a no ser por el intercambio de whatsapps.

¡Qué voy a contar! lo di todo con Second pero tanto, tanto, que malamente recuerdo el setlist. Yo creo que mi paso por el concierto de Second fue lo más parecido a una experiencia extracorpórea. Mi cuerpo estaba pero mi espíritu vagaba entre canciones hasta colocarme de una cuarta fila a acabar pegada a la valla cantando y bailando todo con mis queridos amigos andaluces y Marisa que apareció de la nada (¡qué risas con la peque!)  Antes ya había visto a Bárbara que iba por el festival de foso en foso,  no se estaban poniendo las cosas fáciles para juntarnos las cinco.

Finaliza el concierto de Second y a los que me acompañaban, con esta directa que me caracteriza, les suelto un “yo me voy con Vetusta”. Empezaba a sonar La Deriva y sus primeros acordes me empujaban para hacerme un hueco. Entre tanta gente, teniendo en cuenta mi altura estándar y que iba sin tacones, no podía ver quien estaba en el escenario pero aquella voz era la de Pucho, eso seguro. Entonces fue cuando empecé a levitar porque, amiguit@s yo puedo decir que sé cómo huelen las nubes. Aluciné tanto con los Vetustos que las nubes olían, yo no bailaba, flotaba; cantaba con tantas ganas y con tanta entrega que se enteraron hasta en Tres Cantos de que Lima está en Perú, de que soy feliz porque tu juego me ha dejado así y que ser valiente no es sólo cuestión de suerte. Me dejé incendiar por Pirómanos, ardí con Fuego  y casi se me sale el corazón por la boca y alguna lagrimilla emocionada con Los Días Raros.

Problemita, con tanto flipe ignoré totalmente las señales que mi cuerpo me enviaba avisando que ya no daba más de sí. Resultado garganta destrozada y pecho reventado del esfuerzo que, sumado al “lo di todo con Second”, se convirtieron en malestar generalizado al día siguiente. Entre nosotr@s, hoy, volvería a hacerlo. Qué me quiten lo bailao y lo cantao, nunca mejor dicho.

Todavía a 3 centímetros sobre el suelo me dirigí hacia la zona VIP y, sinceramente, ya había perdido toda esperanza de ver a Lucía cuando, después de un rato de estar hablando con unos y con otros, encuentro a Fanny que  me dice que estaba allí Lucía. Eran tantas las ganas que tenía de verla que, mientras despotricaba de lo desorganizadas que somos (en mi línea de tía agradable y dulce), veo a Lucía justo enfrente de mí ¡Y por fin pude achucharla! Ya las había visto a todas, ahora lo que tocaba era disfrutar con ellas (salvo con Esther pero esa es otra historia que le toca contar a ella) del resto del festival y de la noche granaína y, os diré, que así lo hicimos 😉

Crónica de un agobio anunciado

Viendo el cartel, sabiendo que iba a ver a Vetusta y ante la posibilidad de pasar unos días en Granada tenía unas enormes ganas de AlhambraSound. Cuando el #FestivalIdeal de Trivago, Sixt y Ticketea nos dio la posibilidad de reunirnos todas las niñas del Colectivo convirtieron el festival en la gran cita del año.

La parte gallega del colectivo bajaba desde Galicia (pasando por Madrid) en coche. El palizón merecía la pena y se hizo bastante llevadero gracias a la compañía y la música.  Alcanzamos Granada a eso de las 5 de la tarde, pero entre checkins, duchas y cambio de vestuario llegamos al recinto a eso de las 7, corriendo para ver si podíamos ver algo de León Benavente… inútilmente. Al llegar nos encontramos con unas inmensas colas para canjear las pulseras, por no hablar de las aglomeraciones a la entrada del recinto, previo cacheo exhaustivo de los seguratas. Comenzaba la actuación de Izal y todo el mundo que estaba fuera de botellón intentaba entrar al mismo tiempo. Fue sencillamente una pesadilla que no presagiaba nada bueno.

Intentamos ver algo de la actuación de Izal, pero había tanta gente que era imposible, escuchamos un par de canciones desde la lejanía y nos fuimos al otro escenario, mucho más tranquilo para ver a Second. Antes de acabar el concierto de los murcianos tuve la brillante idea de ir al otro escenario “a coger sitio” para ver a los vetustos. Bien, pues unas 1500 personas habían tenido la misma idea que yo y era completamente imposible acercarse al escenario. De repente, vi un hueco e intente meterme. Craso error, lo que parecía un hueco era gente sentada en el suelo, imposible de distinguir en la oscuridad y cuando quise darme cuenta estaba pisando cabezas. Intente salir de allí como pude y ahí comenzó mi calvario.

Había tantísima gente que era prácticamente imposible andar o desplazarse, ni aun saliendo de las primeras filas, nadie te facilitaba el paso, no se movían, no se apartaban, es más, llegaron a empujarme de mala manera varias veces. El concierto empezó y la gente se volvió loca, todo el mundo se abalanzó hacia adelante y si antes era imposible avanzar aquello se convirtió en una avalancha humana asfixiante. Vale que yo soy claustrofóbica e igual no era el lugar más adecuado donde encontrarme, pero insisto, era IMPOSIBLE salir de allí. Os voy a ahorrar el drama, pero no le deseo a nadie el mal rato que pasé. Os lo resumiré diciendo que no pude ver nada del concierto de Vetusta, tampoco pude escucharlo. Los ataques de ansiedad limitan mucho. Tuve que abandonar el recinto encontrándome fatal, dejando allí a las chicas y a mis vetustos. Mi experiencia en el Alhambra fue un verdadero desastre.

Menos mal que al día siguiente pudimos disfrutar de la preciosa ciudad de Granada. No hay nada que la magia de esas calles, unas tapas y un helado de Huevo Kinder no puedan curar. El reencuentro con las chicas fue fantástico y compartir el día con todos los demás amigos fue sin duda lo mejor del festival.

Crónica del día después del Alhambra

El domingo, en plena resaca post festival ¡por fin nos encontramos las 5! y para celebrarlo nada mejor que una comilona, unos helados riquísimos, unos paseitos por Granada y una subida al Mirador de San Nicolás. Lástima que a esta última excursión al Albayzín no nos pudiera acompañar Bárbara porque se tenía que volver a Barcelona, sino esta maravillosa foto se hubiera convertido en perfecta 🙂 (no, Marisa tampoco estaba, pero la jodía no se puede quejar).

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#SomosColectivo

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2 Respuestas a “Crónica de raro propósito del Alhambra Sound. Nuestro último #FestivalIdeal

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