Crónica del Festival Tomavistas 2016

Vivimos en un país que una ardilla podría recorrerse saltando de festival en festival sin tocar el suelo. En los últimos años la fiebre festivalera se ha adueñado de muchos de los promotores nacionales y no dejan de surgir nuevos eventos que engrosan un  mercado que era amplio de por sí. Esta situación, en lugar de enriquecer el panorama musical y ofrecer nuevas oportunidades, ha llevado a una insólita situación: hay mil eventos, pero la mayoría comparten cartel. Es decir, si esa pobre ardillita de la que os hablábamos decidiera emprender su periplo festivalero en marzo, época en la que comienzan algunos festivales en sala, después de tres meses dando saltitos tendría tantos “déjà vu” que la llevarían a aburrirse de la vida o internarse en algún centro de recuperación mientras tararea melodías pop.

Por todo esto son necesarios eventos como el Festival Tomavistas. Un festival que tras una primera edición no cayó en el costumbrismo sino que decidió aprender de su público, estudiar sus demandas y forjarse una marca invadiendo las salas de Madrid con el ciclo de conciertos Tomavistas Ciudad. El resultado de este aprendizaje lo vivimos el pasado fin de semana (20, 21 y 22 de mayo) en la segunda edición del Festival y no pudimos acabar más encantadas.

tomavistas

El Parque Enrique Tierno Galván, un espacio más céntrico que su anterior ubicación, se ha desvelado como un entorno inmejorable para disfrutar de conciertos. Abundancia de césped y naturaleza, buena visibilidad, muchos medios para evitar colas y una sección de food track de calidad que se encargaron de hacer las delicias de todos los asistentes. Pero no solo la ubicación y los servicios son dignos de mención, la propuesta musical de este festival se centra en la escena underground nacional, con alguna muestra internacional. Una propuesta sin cabezas de cartel, formada por tres jornadas cargadas de rock, garage, electrónica, punk, psicodelia… y todo ello repartido entre dos escenarios, donde los tiempos se respetan y apenas hay solapamientos.

Una propuesta diferente, alternativa y apta para todos los que compartan la cualidad de tener una mente abierta e inquieta, sin importar edades. Después de disfrutar de tres días en este festival solo puedo añadir que los que apostaron por el Tomavistas, apostaron por lo diferente y acertaron.


Viernes, 20 de mayo del 2016

La segunda edición del Festival Tomavistas arrancaba con Blam de Lam, Sorry Kate, Las Ruinas y Cuello. Cuatro conciertos que me perdí muy a mi pesar, cosas de la vida festivalera pluriempleada. La cuestión es que mi viernes no pudo empezar más ajetreado. En el último momento me denegaron las vacaciones y por lo tanto, aunque me levanté a las 7 a.m. mi aventura Tomavistas no arrancó hasta doce horas después (8 horas de oficina y otras 3 de tren).

Eran pasadas las 20h cuando llegaba a la puerta del recinto, me ponían mi pulserita cashless con todo su saldo recargado sin problema y tras una carrera que ríete tú de Usain Bolt, conseguí llegar a mitad del concierto de Novedades Carminha, eso sí, casi sin aliento. Allí, en mitad del escenario principal, se encontraban mis compostelanos favoritos incitando a un gran número de asistentes a bailar y demoler estaciones de tren (versionando “Demoler” de Los Saicos), todo esto mientras yo pensaba Estrella Damm en Madrid ¡la vida a veces es maravillosa!

Lo que vino después supongo que os lo imagináis, los Novedades se encargaron de hacer desfilar su último disco Campeones del mundo (Ernie Records, 2016) con ese sentido del humor y vacile que tanto nos gusta. Se mostraron divertidos, gamberros y bailables a nivel contagioso mientras canciones como “Ritmo en la sangre”, “Que dios reparta fuerte” o “Lento” encajaban a la perfección con sus ya míticas “Quiero verte bailar”, “Te vas con cualquiera” o la grandiosa “Antigua pero moderna”. En definitiva, como todos tenemos que morir de algo mejor que sea, como dice “Dame veneno”, bailando. Eso sí, a poder ser en un concierto de Novedades Carminha 😉

Novedades

Estrella Damm en mano me dirigí al escenario Mondosonoro para disfrutar de mi gran y único descubrimiento de lo que llevamos de año, Trepàt. Cierto es que su último disco El amor está en la tierra (Miel de moscas, 2015) se coló entre muchas de las listas de mejores discos nacionales del pasado año, pero yo no había tenido oportunidad de verles en directo hasta hace relativamente poco y voy a ser muy clarita al respecto ¡Me flipan!

Su propuesta está cargada de sintetizadores, guitarras cortantes y baterías incansables. Es oscura, bailable aunque calmada cuando hace falta y consigue teletransportarte al new wave de la década de los ochenta. Todo ello encajado a la perfección con la peculiar voz, bailes teatrales y salvaje magnetismo que su frontman Juan Luis Torné posee. Pues bien, partiendo de esta base hay que decir que los ganadinos llegaron a la capital dispuestos a mostrar todo su arsenal. “Crack” y “Onix” no faltaron en una tarde donde los trallazos más aclamados fueron “Retrosfectiva”, “Caballo” y, la ya mítica, “Tortura en los bares”. La única pega que le pongo al concierto es que era de día, pero claro de eso Trepàt no tienen la culpa 😉

Trepat

Los siguientes en asaltar un escenario principal que seguía emanando el calor residual de los bailes de Novedades Carminha fueron Guadalupe Plata. Quizás esa sensación de calor que se seguía respirando en el ambiente fue la culpable de que decidieran teñir de rojo el escenario, llenarlo de humo, salir y prácticamente sin mediar palabra abordarnos con canciones como “Tengo el diablo metido en el cuerpo” o “Serpientes negras”. Una pena que su propuesta no sea apta para aquellos que busquen un festival de ritmo continuado y no obtuvieran toda la atención que se merecen porque calidad a los de Úbeda les sobra.

Mientras Lost Tapes tocaban en el escenario MondoSonoro, mis compañeras y yo hicimos nuestro un cuadradito de césped del anfiteatro. Sí, lo sé, somos festivaleras de pro, pero hasta nosotras tenemos que descansar de vez en cuando. Así que repusimos fuerzas y cenamos mientras veíamos como en las primeras filas del Escenario Estrella Damm se empezaban a llenar de seguidores incondicionales de Chucho. Ya era noche cerrada en el Parque de Tierno Galván cuando Fernando Alfaro y los suyos saltaron al escenario desatando una explosión de emoción contenida. Entre ovaciones y gritos sus temas antiguos se intercalaban con los nuevos de Los años Luz (I*M Records, 2016), su esperado regreso, dejando claro que Chucho no ha perdido ni un ápice de carácter ni calidad. Uno de los mejores conciertos de la jornada para muchos según fui leyendo en redes sociales, para esta redactora lo mejor estaba a punto de llegar.

EUV

Gerard Alegre y los suyos, El último vecino, se encargaron de devolvernos a los ochenta (como habían hecho los Trepàt hacia un rato) gracias a su synth pop. Un concierto trepidante, lleno de ritmo y con el sello inconfundible de los bailes incansables de Gerard que consiguió llenar la zona del escenario Mondosonoro hasta los topes. Soy de las que opinan que el segundo trabajo de la banda, Voces (Canadá/Club Social, 2016), no modifica la propuesta ni tampoco mejora el debut, pero lo que también tengo claro es que sus nuevos temas complementan a la perfección los anteriores. El público cantó a pleno pulmón temas como “Tu Casa Nueva”, “Una Especie de Costumbre” o “Mi Amiga Salvaje” y es que muchos de nosotros por El Último vecino seríamos “Culebra, columna, estatua” y lo que haga falta 😉 ¡No lo pudimos disfrutar más!

Mi primera jornada en el festival se cerró con otra apuesta segura, los argentinos Cápsula. Presencia, energía y dosis de rock auténtico en forma de homenaje a David Bowie tocando de principio a fin su Dreaming of Ziggy Stardust (2012), un disco con el que dieron su particular visión de la obra maestra The Rise and Fall of Ziggy Sturdust and the Spiders of Mars. No sé qué pensarán el resto de medios que había en la zona, pero para una servidora durante este concierto se sucedieron dos momentos memorables. El primero, cuando Martín Guevara bajo del escenario y se adentró entre el público guitarra en mano. El segundo, mágico donde los haya, cuando sonó “Starman” y me sentí un poco más cerca de mi querido Duque Blanco.


Sábado, 21 de mayo del 2016

Mi segunda jornada en el Festival Tomavistas empezó más tarde de lo esperado. Fue una pena perderme a Hey Lover y Ultimate Painting, pero tratad de asistir a un evento que se realiza en mitad de un parque con todos los árboles regalándote su polen siendo alérgica. En definitiva, aparecí en el festival cuando los antihistamínicos decidieron permitírmelo. Para entonces Señores se encontraba sobre las tablas, llevaban unas cuantas canciones y Asier andaba haciendo de las suyas bailoteando de esa forma que me encanta demostrando que los bilbaínos habían salido a por todas con un sonido contundente y muy compacto.

Perro

Se me hace raro ver a Perro de día y rodeada de niños pero, como se tienen que vivir experiencias nuevas en esta vida, aun así me planté en primera fila. He perdido la cuenta de la cantidad de conciertos que he visto de los murcianos y las veces que os he hablado de ellos, pero el discurso sigue siendo el mismo. Estos cuatro chicos son unos cracks, tienen actitud y disfrutan tanto sobre el escenario que su buen rollo se convierte en algo tan contagioso como sus melodías. Con apenas dos canciones ya se habían metido a todos los asistentes en el bolsillo y a base de hits como “La reina de inglaterra”, “Ediciones reptiliano”, “Paco fiestas” o “Marlotina”, con camisetas de Karpin incluidas entre el público, hicieron enloquecer a más de uno y convirtieron el escenario Estrella Damm en una fiesta en la que no faltaron los pogos. Una vez más solo puedo decir ¡BRAVO!

Palmeras!

Tras este subidón de adrenalina patrocinado por los murcianos, me dirigí de nuevo al escenario Mondosonoro donde ya sonaban Disco Las palmeras!. Sus directos son arrolladores y sus guitarras crean muros sonoros a veces tan espesos, como les ocurrió el sábado, que no llegábamos a atisbar la voz. No sé si fue el tema sonido, pero tuve la sensación de que los gallegos, a pesar de congregar a un buen número de aficionados, no acabaron de mostrarse cómodos. Nos dejaron buen sabor de boca, pero está claro que su música no es algo que se disfrute a pleno sol al 100%.

Merienda en mano volví al escenario Estrella Damm donde Grupo de expertos solynieve se encontraban haciendo de las suyas frente a un público totalmente entregado. Y ahora viene cuando os tendría que hablar de Jota y sus lindeces, pero no va a ser posible. Este fue el momento en que me enamoré, el culpable es un pequeñín que, como muchos otros, se encontraba disfrutando del Festival Tomavistas en la zona de césped. Ukelele en mano se paseaba por la zona versionando los temas de la banda y claro, sin darme cuenta el escenario se apagaba y yo me encontraba riendo, aplaudiendo al peque y pidiendo permiso a sus padres para poder compartir fotos en redes ¿entendéis ahora por qué este festival es tan especial?

Niño en Expertos

La noche hacía acto de presencia cuando, todavía con una sonrisa dibujada en mi cara, volví al escenario Mondosonoro para disfrutar a pleno rendimiento de Siberian Wolves. De hecho lo disfruté de una forma tan salvaje que no me esperaba y solo puedo decir ¡Viva la madre que parió! Para quien no los conozca los valencianos son un dúo formado por la batería arrolladora con Alex, quien también ejerce de vocalista y las guitarras de Borja. Sí, son dos pero hacen el mismo ruido que 10. Con su mezcla de noise, stoner y psicodelia consiguieron llenar el escenario y desatar la locura en las primeras filas donde los pogos se enlazaban y el respetable bailaba con los puños en alto.

Los encargados de darnos un respiro y equilibrar energías fueron The wedding present y, la verdad, no llegué a conectar en ningún momento con su concierto. Las causas son múltiples: cansancio, adrenalina, la comodidad del césped y sobretodo, el repertorio. Los ingleses dedicaron buena parte del recital a presentar temas que formaran parte de su próximo disco previsto para septiembre, Going, Going… (Pledge Music), y claro, a determinadas horas lo que esperaba la mayoría era poder canturrear todo el concierto. Aún así, no os voy a engañar, me lo pasé pipa con “Brassneck”, “Kennedy” y “My favorite dress”.

Pero la cosa no decaería ahí ni mucho menos, a continuación llegarían dos de los mejores conciertos de toda la jornada. Los encargados de volver a recargar las pilas de los presentes fueron Triángulo de amor bizarro. Los gallegos salieron por todo lo alto y con las revoluciones altísimas haciendo que todos bailáramos los temas de su último trabajo, Salve Discordia (Mushroom Pillow, 2016), cerrando con dos de sus canciones más celebradas en estos años, “Estrellas místicas” y “De la monarquía a la cliptocracia”, y dejándome una sonrisilla tonta difícil de borrar.

WAS

Después llegaría mi banda favorita de las confirmadas en esta segunda jornada. Lo siento, pero tengo mi corazoncito y WAS (antes conocidos como We Are Standard) ocupan buena parte de él. Los vascos son una baza segura, carne de directo, energía en estado puro y, a determinadas horas, si tienes ganas de bailar, sus conciertos son lo mejor que te pueden pasar. Para colmo en su último trabajo, Gau Ama (Mushroom Pillow, 2016), han reforzado sus ritmos bailables con elementos de folklore vasco que además de aportar energía les dan muchísimo juego en el escenario.


Domingo, 22 de mayo del 2016

La última jornada del Festival Tomavistas era gratuita y comenzaba al mediodía, circunstancias que fueron aprovechadas por muchas familias para llevar a sus hijos. Cuando entré en el recinto me encontré con que el aforo era casi el doble del día anterior y no sé cómo explicaros lo mucho que esto me molestó ¿qué le pasa a Madrid? o mejor dicho ¿qué le pasa al público en general?. Os preparan un festival fantástico, realizado con mimo, diferente, con un abono asequible, ubicado en una zona perfecta para llegar en transporte público y no le sacáis partido a no ser que sea gratis ¿qué problema tenéis?

domingo

Tras esta reflexión voy con el repaso a los dos únicos conciertos a los que pude asistir en esta última jornada. Cuando entré en el recinto Tachenko se encontraban a mitad de su concierto, mientras muchos fieles se congregaban ante el escenario coreando todos los temas y saltaban los más conocidos como “Escapatoria”, “Más madera” o “Dame una pista”.

Los siguientes en subirse al escenario Estrella Damm fueron mis adorados Mucho, la razón por la que me quedé el domingo en Madrid, aunque soy de Barcelona y la vuelta iba a ser lo más parecido a un infierno, pero en autobús. Cuando pensaba que la “mandanga cósmica” que reparten los toledanos con su propuesta no podía sonar mejor, fichan a Emil Saiz a la guitarra y claro… ¡suenan de puta maravilla! Pero lo más destacable del concierto que se basó en un repaso de su último trabajo, Pidiendo a las puertas del infierno (Marxophone, 2016), fue la actitud de Martí Perarnau. Siempre se muestra comunicativo y desvergonzado, pero el domingo salió de su escondite de teclados más de lo habitual demostrando que Mucho no hace más que crecer ¡y yo que me alegro!.

Mucho

Del concierto de Australian Blonde solo pude ver un par de temas, pero fueron suficientes para darme cuenta de que Paco Loco estaba desatado y que este momento revival había conseguido congregar a un gran número de incondicionales.

Y así acababa mi experiencia Tomavistas. Un festival que espero se repita ya que me ha ganado por su ambiente, organización y facilidades, un festival de los que necesita Madrid, organizado con mino y cuidando el detalle. ¡Larga vista al Tomavistas!

#SomosColectivo

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2 Respuestas a “Crónica del Festival Tomavistas 2016

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