Sonorama de raro propósito 2016

¡Buenos días amiguitos de raro propósito!

Como os hemos contado en anteriores ocasiones, cuando inauguramos el blog nos pusimos como objetivo escribir una crónica de raro propósito en los festivales a los que asistieran tres o más de las chicas Colectivas, por aquello de que nos separan muchos kilómetros y no es tan fácil como nos gustaría vernos. La realidad es que en 2014 nos hinchamos a escribir crónicas de este tipo (véanse algunos ejemplos como Let’sFestival’14, PortAmérica‘14 o Alhambra Sound‘14), en 2015 no hubo tanta suerte porque solo coincidimos en el Sonorama y este año va por el mismo camino porque de momento, salvo que nos toque la lotería, solo vais a poder ver a 3/5 partes de Colectivo en el festival arandino.

A continuación, cada una de nuestras redactoras os contará su experiencia en el Sonorama Ribera 2016. Debéis recordar que serán crónicas de raro propósito y en ellas la música no siempre es lo más importante, así que si lo que queréis es saber cómo fueron los conciertos mejor que os leáis las crónicas oficiales que enlazamos a continuación: miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo.

sonorama cabecera


Dra. Festivalera
por Marisa @MarisaCJ

Querido Sonorama, un año más nos hemos vuelto a encontrar. Echaba de menos tus cachis de croquetas, tus sorpresas en el Trigo, tus tardeos en el Rollo, los reencuentros con gente bonita… ¡hasta tus duchas de agua fría! Pero sin duda, lo que más echaba de menos era disfrutarte junto a mi cámara réflex. El año pasado se me hizo muy duro dejarla en casa (para los nuevos o los que no lo recordéis, os dejo aquí mi drama), y este año el reencuentro ha sido TAN bonito que me he fundido MUCHOS gigas en fotos.

Mi Sonorama daba comienzo el miércoles, al que a partir de ahora me referiré como “la noche que estuve a punto de morir congelada”. Sí amigos, para los que no estéis muy familiarizados con el tiempo de allí, Aranda de Duero es el sitio en el que te puede dar de todo por la mañana por culpa del CALOR que hace (lo de las mangueras en el Trigo no es por gusto), al igual que puedes convertirte en figurante de Frozen como no te abrigues bien por las noches; si aún no os ha quedado claro no os culpo, yo llevo yendo 4 años y aún no he aprendido la lección. Tras “la noche que estuve a punto de morir congelada”, y con dos cubitos de hielo por manos (cubitos que se derritieron en cuanto nos dio el sol 5 minutos), nuestros pasos se dirigieron al Trigo, donde por fin sacaba mi cámara a pasear y donde, por primera vez, comprobé la existencia de una nueva especie de festivaleros: los FOTOZOMBIES. Estos seres, a los que se les reconoce por un olor a alcohol acentuado, son capaces de verte con la cámara en la mano entre la multitud más enorme, agarrarte del brazo y gritarte en pleno oído “¡FOTO, FOTO!”. Por suerte, la excusa de “lo siento, es que llevo el objetivo largo” siempre funciona y, tras huir de algunos de ellos, pude encontrarme con mi gallega favorita en pleno concierto de Miss Caffeina, mamarrachear un poco con el ‘Mira cómo vuelo’ y disfrutar de una gran mañana de Sonorama, seguida de una primera gran tarde-noche en el recinto en el que ni mi cámara ni yo paramos quietas.

MarisaAfotando

Yo fui a currar y esta foto lo demuestra

Muchos os estaréis preguntando por qué mi crónica se llama “Dra. Festivalera”. Para aquellos que no me conozcáis, estoy terminando la carrera de Medicina y, en una de mis muchas charlas con el segurata que controlaba el acceso al escenario del Trigo (estés donde estés, eres un grande), se lo comenté. Cabe destacar que NUNCA me había tocado hacer de médica fuera de un recinto hospitalario y que, como no, la primera vez que lo iba a hacer estaba predestinado que fuera en un festival. Todo ocurrió en mitad del concierto sorpresa de Love of Lesbian en el Trigo: en mitad del mismo, y mientras afotaba desde el escenario, mi amigo el segurata viene a buscarme corriendo y me dice que baje, que hay una chavala que necesita ayuda. Imaginaos por un momento mi cara de terror-pánico-llámaloX. Recordad por un momento lo que he comentado antes del calor por las mañanas en Aranda, y a esto sumarle la inmensa cantidad de gente que se encontraba en la plaza disfrutando de los lesbianos, que traducido resulta: golpe de calor de la chica. Por suerte, todo fue bien, pero creedme cuando os digo que el agobio inicial es algo que difícilmente se olvida.

Después del episodio médico intentaron enseñarme gallego (CARÁLLO, con acento en la segunda a) mientras yo les pegaba mis T explosivas, comimos croquetas como si no hubiera mañana y bailamos en la Plaza del Sal hasta que decidimos que era el momento de volver al camping. Tras otra ducha reconstituyente, de vuelta al recinto para disfrutar como una enana con The Hives, recibir muchos besos en la frente de Alex por motivos que no se pueden desvelar, huir de los fotozombies y, por último pero no menos importante, achuchar mucho a mi catalana favorita. Si el miércoles fue “la noche que estuve a punto de morir congelada”, a la del viernes la llamaré “la noche en la que no tuve que dormir con sudadera”. Ojo, ¡que pase hasta un poco de calor! Los milagros existen, y este fue uno de ellos.

Tras la mañana de sábado, mañana en la que había gente que JURABA haber visto a Leiva subir y bajarse del escenario (y sin ir borrachos), llegaba la última tarde de recinto, la tarde en la que me di cuenta de que era MUY necesario un trasplante conjunto de pies y cuello (la cámara pesaba un poquito mucho) y en la que terminé de perder la fe en la humanidad. ¿Que por qué esto último? Os pongo en situación: salgo del foso de Izal, me dirijo hacia la zona VIP agotada, con ganas de sentarme y, cuando llego, veo a todos mis amiguis “izaleando” (haciendo el mamarracho, vamos). Tras un primer conato de huida que no funcionó, me vi envuelta en una espiral de fotos en las que las protagonistas eran dos carretillas y dos regaderas que habían colocado en la zona VIP como decoración (si alguien lo entiende, por favor, que me lo explique). Os dejo documento gráfico para que entendáis a qué me refiero.

regadera 1

Así nace el raro propósito de las chicas del Colectivo

Si esto no es mamarrachear, que baje Bowie y lo vea.

Tras la bizarrería del momento, los fuegos artificiales y el “yo me voy antes de que me líen”, llegaba el domingo, también llamado “creo que se me ha metido algo en el ojo”. Domingo, día lleno de despedidas, de “no te preocupes, que nos vemos pronto” y de, en mi caso, hacerse la dura (no, no me gusta llorar en público). Tras cerrar el Trigo y despedirme de mi amigo el segurata, nos dirigimos al camping a recoger nuestras cosas, ya que ese día… ¡DORMÍAMOS EN UNA CAMA! ¡Y CON AGUA CALIENTE! Aún me emociono al recordarlo. Total, que tras descansar un poco, nos volvimos a dirigir al camping para disfrutar de los tres últimos conciertos del Sonorama: Viva Suecia (para mí, uno de los mejores de este año, ¡escenario principal), Talisco (¡batería escenario principal!) y Sidecars (a los que no vimos por culpa de un McPollo, la mejor droga del Sono’16).

Y, con esto y un bizcocho, terminan mis memorias sobre el Sonorama Ribera 2016. Ojo cuidado con el año que viene que el festival celebra su edición XX y, probablemente, me la tengáis que contar vosotros a mí (a no ser que me convaliden el MIR por haber atendido a la chavala).

PD: si alguien vende sus pies o su cuello, que me avise, aún no me he recuperado del todo.


¡Mira cómo floto, mira cómo vuelo!
por Penélope @glamourousblack

Aquí la representante del sector norte del Colectivo (“la gallega” para los más cercanos y queridos) llegaba a Aranda el jueves y aterrizaba en la Plaza del Trigo justo para el concierto sorpresa que ese día sería Miss Caffeina. Llamadlo cosa del destino, premonición, cosa de brujas o que tanta cerveza ya me hace ver cosas donde no las hay, pero es que escuchar ‘Mira Cómo Vuelo’ fue como una revelación de lo que sería mi segundo Sonorama porque, amiguitos, me pase todo el festi volando y flotando de plaza en plaza, de escenario en escenario y de concierto en concierto.

Este año iba plenamente concienciada de que el Sonorama es mucho más que música (los que queráis música ya Lucía, que es muy eficiente, os deja el enlace del rollo musical) e iba dispuesta a dar buena cuenta de ello. Así que, nada más acabar el concierto en la Plaza del Trigo, me fui de “pajareo” por La Sal, la Plaza del Rollo, me desmelené bailando temazos de la Carrá delante de la iglesia de Santa María… Ya puestos, quiero a Raffaella Carrá en el cartel del próximo año ¡he dicho! Bueno, que acabé la “mañana-tarde” dándolo todo en el Café Central diciendo “¿pero cómo nos vamos a ir si están poniendo temazo tras temazo?”. IMG_3689Sí, esto el primer día y los demás aproveché también para actividades tales como echarme unas risas con otros gallegos amigos y, de paso, dar unas nociones básicas de nuestro idioma a una gaditana empeñada en que pronunciásemos su T explosiva. Sobra decir que ganó el “carallo” y la “no” utilización de tiempos verbales compuestos, éramos mayoría. También para tomar vinos y para corretear por las plazas con amigos, niños y sus padres botella/pistola de agua en mano mojándonos como si se nos fuese la vida en ello. Después de tremenda experiencia se me ha dado por pensar que igual pude haber hecho carrera como “miss camiseta mojada”, no sé…. Y si os encontrasteis en La Sal con una tipa que bailaba como una posesa bocadillo de calamares en una mano y cachi de agua fantasía en otra durante la sesionaca que se marcaron los Dj’s de Corrientes Circulares, sí, ésa era yo. Sólo con recordar el momento bailando con mis amigos ‘Soy un Truhán Soy un Señor’ de Julio Iglesias,  ya tengo sonrisa asegurada para los próximos seis meses.

Ojo, que sólo os estoy hablando de las mañanas pero es que las noches en el recinto del festival no se quedan atrás. A ver, las acreditadas y encargadas de hacer el trabajo serio eran mis compañeras Lucía y Marísa, así que a mí me correspondía cantar, bailar, beber y mamarrachear, que tiene su cosa ¿eh?. Haciendo memoria y echando un vistazo a las fotos, creo que puedo decir que estuve a la altura de lo esperado. Además de eso sucedieron cosas tales como encontrarme entre 14.000 personas a un tío de Mallorca que hablaba gallego y además… ¡Conoce Mos! Sí, la estadística y la probabilidad pasan de mí para la lotería pero para estas cosas ahí están las campeonas. También requiere mención especial el momento en el que, después de pasar el día nerviosita con la llegada de Luci, mi churri (así la suelo llamar) llega al recinto y después de estar un buen ratito intercambiando mensajes de whatsapp resulta que la tengo detrás de mí a escasos cinco metros. Sí, somo así y hay que querernos. Después de eso vinieron los besos, abrazos, cervezas, la VIP… Y de nuevo Miss Caffeina y su ‘Mira Cómo Vuelo’ ¡mira que es pegadiza la canción y mira que bailamos, reímos e hicimos el mamarracho! A partir de ahí no recuerdo mucho más salvo la vuelta a nuestro apartamento y otro momento glorioso, una funcionaria y una abogada necesitando más de diez minutos para sacar una chocolatina de una máquina expendedora. En fin, tanto estudiar para quedar en evidencia ante una máquina que un niño maneja hasta dormido.

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Pero el summum de las actividades “extramusicales” ocurrió el sábado por la noche en la VIP. Para no variar “izaleamos” hasta la extenuación, hablé, reí y bebí con todo el mundo (y alguno más también), descubrimos que, cada quien, tiene su particular “rincón exquisito” y, sobretodo, ampliamos sobremanera nuestros conocimientos de jardinería y como aplicarlos a nuestros “intereses colectivos”. Y por favor, que no se me olviden las clases de economía aplicadas a como optimizar los sonos acumulados en nuestras pulseras sin caer en el coma etílico por no querer “tirar con el dinero”. No me diréis que no se adquieren y aplican conocimientos en un festival ¿eh?

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En fin, lo que os decía que el Sonorama es mucho más que música y, sobretodo, es encontrarse con gente bonita que ves de año en año (Peque ¿de verdad que pensabas que no te iba a mencionar?), disfrutarlo con amigos que te acompañan durante todo el año, conocer gente nueva y guardar momentos fantásticos en la memoria que harán la espera hasta el próximo Sonorama soportable 😉


Como llegar a Aranda, volver a casa y no morir en el intento
por Lucía @ARasDSuelo

¡Hola! Me presento. Me llamo Lucía y soy una LOSER, así, en mayúsculas. Alguno estará pensando pero si lleva un año de aquí para allá sin parar ¿a qué viene esto? Os cuento.

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Resulta que una servidora lo tenía todo preparado para su peregrinación anual a Aranda de Duero cuando, a dos semanas del festival, en mi oficina decidían que no podían prescindir de mi esos días. Como lo leéis, de repente me veía obligada a anular la habitación de hotel que había reservado con tantísima antelación y a buscarme la vida para encontrar una forma de transporte alternativa. Entonces fue cuando empezó mi odisea ¡No hay forma humana de ir directa de Bcn a Aranda un viernes al mediodía! Los buses salen a primera hora, los trenes a las ciudades cercanas -porque Aranda no tiene tren directo- estaban llenos y si con suerte conseguía llegar a Burgos en tren, ya no había ningún autobús para poder hacer la última parte del trayecto porque llegaba demasiado tarde.

Viendo que estaba desesperada y que peligraba mi integridad física -no es broma, estuve a punto de lanzarme al Ebro en varias ocasiones-, mi compañera Penélope se ofrecía a venir a recogerme porque como ella misma se pasó diciendo semanas: “¡tú vas a venir al Sonorama porque lo digo yo y punto!“. Finalmente, solo dos días antes del festival y con toda la ansiedad del mundo por ver las fotos con las que todos bombardeabais mi TL de Twitter, Bla Bla Car me ofreció una solución larga pero efectiva: un coche de Bcn a Burgos y luego un segundo de Burgos a Aranda. El resultado fueron casi nueve horas de trayecto para realizar un camino que en años anteriores no me ha costado ni seis, pero ehhhh el viernes a eso de las 22.30h ya me encontraba en el recinto con la acreditación colgando de mi cuello, disfrutando de The Hives y con un cachi de cerveza en la mano patrocinado por mi ángel de la guarda personal, Penélope. Gallega, ¡no te puedo querer más! ❤

Lo que vino después de esta llegada un tanto accidentada fueron dos días… ¡a topete! Amigos, cachis, risas, croquetas, tortillas de patatas, bailoteos, carreras entre escenarios, ruedas de prensa, conciertos memorables y pistolas de agua gracias a las que un chico en La Sal llegó a decirme que estaban los de Protección civil y luego ya venia yo. No os voy a hablar de todos los conciertos porque para eso está la crónica oficial, pero destaco tres que van a quedar para siempre alojados en mi mente, dos de los cuales si me lo llegáis a preguntar hace una semana ni se me hubieran pasado por la cabeza. En Perro disfruté como una perra saltando y empujándome en los pogos, se que no suena muy femenino pero soy así y a estas alturas ni voy a cambiar. En el concierto de Miss Caffeina perdí el norte y la vergüenza -aunque nunca he tenido mucha- subida encima de una tarima y berreando “mira como floto, mira como vuelo…”, la verdad es que a día de hoy sigo cantándola ¡qué forma de pegarse!. Por último, en Izal… sí, lo se ¿Izal? simplemente me volví loca. No por el concierto en sí, la culpa la tuvo el Jäger con limón, mis amigos que están más locos que yo y el atrezzo de la zona VIP que desveló el misterio de como consigo unas colaboradoras tan buenas. Como veis en la foto que os ha colgado Marisa más arriba, las planto, las trato con cariño y después de un buen regado brotan de la tierra maravillosas.

abrazo

Llegó el domingo, el último día de conciertos, el día en el que el orgasmo sonorámico llegaba a su fin, también un día marcado por despedidas. Cuando asomé la cabecita por la Quechua muchos compañeros se encontraban recogiendo, otros andaban en las duchas y el resto aún sentíamos maripositas en el estómago pensando en la última Plaza del Trigo y la sorpresa que nos esperaba. Ahora mismo ya todo el mundo sabe que fueron Elefantes, pero por aquel entonces eramos pocos los que teníamos la exclusiva y no la comunicábamos para disfrutar viendo las cara de sorpresa de algunos amigos seguidores de la banda.

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La realidad es que el domingo acabó convirtiéndose en el mejor y más agotador día de todos los que viví en Aranda. Empezó con un Trigo radiante y siguió con una despedida lacrimogena del comando gallego acompañada de una fiesta épica a caballo entre la Plaza de la Sal y el Café Central. Una fiesta épica porque era la última y ya no había nada que perder, épica porque no teníamos prisa para llegar al recinto -la fiesta de despedida del camping no arrancaba hasta las 21h- y épica porque no recuerdo la última vez que disfruté tanto sin preocuparme por nada, ni siquiera por la dignidad que estaba perdiendo. Sí, aunque parezca imposible, aún me quedaba algo de dignidad en aquellos momentos… lo que no sé es como lo voy a hacer para acabar el año sin acabar en un manicomio cubierta totalmente por pegatinas como si un unicornio me hubiera vomitado encima, pero ya me preocuparé de eso cuando llegue el momento. Por la noche, tras una ducha rápida para despejarme las ideas, Viva Suecia, Talisco y Sidecars volvieron a enamorarme justo antes de una nueva despedida cargada de abrazos. Solo os diré que porque falta poco para el Monkey Week y voy a ver en breve a mi comando del sur, sino creo que mis glándulas lacrimales no hubieran sobrevivido al domingo.

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A estas alturas habrá quien se ría y piense que el título de este texto es exagerado, al fin de cuentas la ida acabó saliendo bien. No os quito parte de razón, pero os recuerdo que hay que volver y que confirmé mi asistencia al festival tarde ¿de verdad os pensáis que había decenas de buses o coches esperando para llevarme de vuelta a Terrassa? ¡ERROR! Los buses no tenían plazas libre, los coches de mis conocidos estaba repletos y mi única opción volvió a ser Bla Bla Car, concretamente un chico que se volvía a Barcelona desde Langa de Duero ¿no os suena? Tranquilos porque a mi por aquel entonces tampoco, pero resulta ser el primer pueblo de Soria, se encuentra solo a 20 minutos de Aranda y están comunicados por un autobús de línea. Hasta aquí todo normal, el drama llegó cuando me presenté agotada y cargada con todas las cosillas que se necesitan en los campings en la estación de buses y la chica de taquilla me dijo que como era festivo habían eliminado el de las 13h, o sea… EL MÍO. Total que acabé llegando a Langa porque un taxista se apiadó de mi y me hizo precio. Imaginaros la cara que llevaría al llegar a Soria que el chico que iba a ser mi conductor lo adelantó todo para salir antes, me compró merienda para el camino y se ofreció para dejarme en el sitio que me fuera mejor. ¡No hay nada que unas buenas ojeras no consigas!

A eso de las 21h llegaba a Barcelona, cogía el cercanías y por fin,casi a las 23h conseguía entrar en casa después de todo un día dando vueltas. Parece una locura ¿verdad? Pues la repetiría ahora mismo sin dudarlo ¡TE ECHO DE MENOS SONORAMA!

#SomosColectivo

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