WOS Festival 2016. Mucho más que un festival

El WOS Festival es mucho más que un festival. Es un evento en el que se dan cita la música, las artes escénicas y visuales, cine, coloquios, conferencias y gastronomía, todo ello en una ciudad, Santiago de Compostela, en la que la cultura, en la más amplia extensión de su significado, se vive y se disfruta.

Primero pongámonos en antecedentes. El WOS Festival es una iniciativa de la productora compostelana Work On Sunday en colaboración con diferentes agentes culturales gallegos. Además en esta edición del 2016 ha contado con el apoyo de varios organismos e instituciones como el Concello de Santiago de Compostela, AGADIC, Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC), Fundación Eugenio Granell, Universidad de Santiago de Compostela, Mercado de Abastos, Fundación SGAE, Salón Teatro y NUMAX. Hasta aquí la información oficial y oficiosa, ahora vamos con la parte que nos gusta a nosotras, la subjetiva, la de sensaciones y emociones.

Del 7 al 11 de septiembre se celebró la edición de este 2016 del WOS Festival y tuvimos la ocasión de disfrutar de una de sus jornadas, la del sábado 10 de septiembre, gracias a la invitación SON EG y tan sólo con lo vivido ese día, fue suficiente para saber que el WOS Festival es una de esas citas festivaleras que tienen que figurar en nuestra agenda con la etiqueta de “imperdible” ¿Por qué? ahora os explicamos las razones.

Primero; tiene una programación musical que dentro de la etiqueta de “alternativa”,  nos permite disfrutar de estilos tan diversos como hardcore, rock progresivo, psicodelia, punk, electrónica, rap, pop… en definitiva, un cartel ecléctico del que siempre se obtienen nombres de interés que sumar a nuestra particular playlist.

Segundo; las localizaciones. Las actividades programadas se realizan en distintos espacios de la ciudad y, todos ellos, perfectamente adaptados al tipo de espectáculo que se quiere ofrecer. De este modo pudimos disfrutar de conciertos difíciles de olvidar en la Iglesia de la Universidad o en La Fundación Eugenio Granell. Citamos estos dos espacios por ser en los que nos movimos la jornada del sábado junto con la salas Riquela y Capitol, pero no hace falta decir que lugares como el Teatro Principal, el Mercado de Abastos, la sala Malatesta, la Fundación SGAE o la Cidade da Cultura son igualmente idóneos para disfrutar en toda su plenitud de cualquier actividad que allí se haya ofrecido.

tejados

Tercera y última (aunque podría extenderme algo más); la organización. Todos los espacios estaban perfectamente identificados con el logo y personal del festival, además de que se respetaron de modo casi escrupuloso los horarios establecidos ¿cuántas veces se puede decir eso en un festival? algunas pero muy pocas.

Como os decía, llegaba a Santiago el sábado con el tiempo justo para comer y tener que escoger entre dos conciertos el de Malandrómeda vs L.A.R Legido en la Fundación Eugenio Granell o The Zephyr Bones en la sala Riquela. Finalmente me decanté por la banda chileno catalana por el hecho de que a los gallegos ya les había visto en dos ocasiones este verano. Minutos antes de que empezase el concierto ya estaba por allí. Había oído hablar bien de ellos y las pocas canciones de ellos que había escuchado me gustaba mucho, razones suficientes para no llegar tarde. La sala era perfecta, toda de madera, con una iluminación adecuada y un público expectante por lo que les esperaba, tres factores perfectos para que se produjese el flechazo y así fue. El concierto que se marcaron no lo olvidaré en mucho tiempo porque fue una clase maestra de como pop, rock, reverb en cantidades industriales y psicodelia son perfectamente compatibles y, además, resulte brillante. Por poner una pega, el concierto me duró un suspiro pero bueno, son los contras de una amplia programación y el querer respetar los horarios.

the-zephyr-bones

Llegaba a la terraza de la Fundación Eugenio Granell justo cuando finalizaba Malandrómeda vs L.A.R Legido así que, después de disfrutar de las preciosas vistas de los tejados del casco viejo de Santiago, me dirigí a la Igrexa da Universidade movida básicamente por la curiosidad. No conocía absolutamente nada del trabajo de Maxwell August Croy y he de reconocer que su música a caballo entre lo clásico y lo experimental no acabó de llegarme aunque es cierto que el entorno hizo que resultase una experiencia casi mística.

De nuevo en la terraza de la Fundación Eugenio Granell para ver en directo a Fiera, el proyecto musical de Darío Peña y Pablo del Moral, guitarrista y bajista de la banda Pony Bravo. Un buen número de gente esperaba a la apertura de las puertas de la Fundación y ya en la terraza, un numeroso público bailaba y charlaba al ritmo del punk experimental de la banda.

El siguiente concierto en la terraza de la Fundación tendría lugar en una hora. Vistazo al programa y pongo rumbo a la Igrexa da Universidade, me habían dicho que la violinista que iba a tocar valía la pena. Se quedaron cortos, su concierto fue una de las experiencias musicales más maravillosas que he tenido en los últimos meses. Hannah Epperson con su delicada y tímida voz, junto con su violín y un derroche de talento que se hacía visible por medio de una loop station, consiguió que la emoción ocupase un sitio más entre nosotros y arrancar, al final de cada tema y del concierto, efusivos aplausos y admiración a partes iguales.

hannah-epperson

Caía la noche en Santiago y, puesto que no había llegado a tiempo para las actividades gastronómicas en el Mercado de Abastos, decidí que ya iba siendo hora de degustar los manjares culinarios que la ciudad ofrecía. Después del necesario avituallamiento, rumbo a la sala Capitol porque la noche prometía ser interesante.

La banda madrileña Melange eran los encargados de abrir la noche del WOS Festival y la sala Capitol era la mejor de las localizaciones para hacerlo. Si algo tiene esta sala es una acústica fabulosa, algo que favoreció a que el virtuosismo de los músicos de Melange brillará para gusto y disfrute de los que allí estábamos. Hacer mención sólo con el concepto de rock progresivo podría quedarse pobre porque la riqueza musical de estos músicos es tal que son capaces de mezclar la psicodelia con sonoridades flamencas o medievales y hacernos parecer que, llevar a cabo una combinación así, es fácil y lo más natural del mundo. Enormes los madrileños.

Para mí el festival llegaba a su fin con Boogarins y fue como ponerle la guinda al pastel. Ese toque tropical de su música y el dominio que tienen del rock psicodélico hacen que sus temas se muevan por terrenos casi de lo experimental. Igual es un poco atrevido, pero por momentos me pareció estar en una especie de “jam session” psicodélica en la que las guitarras pareciera que iban por libre con la única guía de una brillante percusión.

boogarins

Todavía quedaban unos cuantos conciertos para esa noche y mucho me quedó por ver y descubrir en el WOS Festival pero el bocado que pude saborear me supo a gloria. En la edición del 2017 me quedaré a todo el banquete palabra de #Colectivo.

#SomosColectivo

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Una respuesta a “WOS Festival 2016. Mucho más que un festival

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