“Magnolia” de Rufus T. Firefly

Pocos discos hemos esperado con tantas ansias en nuestra redacción como Magnolia, el cuarto trabajo de Rufus T. Firefly, porque si en algo coincidimos las redactoras de este Colectivo es en la admiración por la genialidad de la banda de Aranjuez.

Diez años ha tardado Rufus T. Firefly en crear EL DISCO, diez años en los que la banda ha pasado por muchas cosas: muchos kms, cambios de formación, salas sin apenas público en contra de Plazas del Trigo emocionantes… todo ello les ha servido para aprender, saber cómo querían trabajar, encontrar su sonido y no rendirse. Buena muestra de todo esto podía intuirse en su anterior trabajo, Nueve, que fue toda una declaración de intenciones con la que nos decían “aquí estamos y aquí seguiremos estando”. Así, pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa, han llegado a este momento, a su momento, al momento de la Magnolia florece y nos muestra orgullosa sus 10 pétalos.

Estos diez pétalos se construyen sobre una base rítmica abrumadora, contundente y precisa en los temas más enérgicos y elegante y sutil en medios tiempos. Las guitarras compiten en protagonismo con bajo y batería, son las que marcan la vitalidad y luminosidad que desprende todo el álbum, se muestran enérgicas, melódicas, seductoras, siempre de perfecto e impoluto sonido. Los teclados y sintetizadores son los encargados de hacer volar la imaginación, aportan la luz y crean el envoltorio perfecto para que todo encaje y dé como resultado una melodía brillante.

magnolia-rufus

‘Tsukamori’, es el primero de los pétalos de Magnolia y también la primera de las múltiples referencias al cine que encontramos en el álbum. En este tema que bien podría ser la BSO de la segunda temporada de Stranger Things, los arreglos envolventes e imaginativos de los sintetizadores, las guitarras melódicas, así como el ritmo impreso por bajo y batería consiguen que a nuestra mente le resulte fácil viajar a través de un lugar encantado donde el aullido del viento se haga canción, que levante las hojas y bailen. A la salida de ese bosque nos reciben las poderosas guitarras de ‘Río Wolf’, un tema  inspirado en la misteriosa muerte de Jeff Buckley y que conquista inicialmente por sus guitarras pero, a medida que avanza, atrapa con su apabullante batería a lo Led Zeppellin y la vivacidad de sus sintetizadores. Para estar inspirado en una muerte, esta canción es un torbellino de luz y vitalidad.

‘Pulp Fiction’ es embriagadora psicodelia, es una línea de bajo que hace perder el sentido, son exquisitos arreglos de guitarra, es un final de cine con el sello de Julia y su batería que ponen el broche final perfecto a toda la energía desbordada. A continuación encontramos ‘Espectro’, un medio tiempo que se desarrolla al ritmo que impone el bajo y que cuenta con una melodía evocadora, así como unos sintes que ahondan en la sensación de ensoñación: “sólo quiero descansar, quedarme en este sueño para siempre”. La lógica continuidad es ‘Cisne Negro’ con su comienzo a medio tiempo que va ganando en intensidad gracias al ritmo infringido por una alucinante línea de bajo que mantendrá su inapelable protagonismo hasta en sus silencios. Por esta canción y por todo el trabajazo que se marca Miguel de Lucas en todo el álbum le decimos ¡BRAVO!

El siguiente pétalo es ‘..O..’. En él el ritmo de un sensual bajo fluye introduciéndonos en un tema de sonido optimista y melodía pegadiza, de esas que retienes en tu cabeza a primera escucha aún sin quererlo. Cuenta además con unos pasajes instrumentales a cargo de sintetizadores y guitarras que son como una gloriosa borrachera musical que desemboca en una no menos gloriosa resaca a la que se sumaran batería y bajo.

‘Última Noche en La Tierra’ posee unos arreglos, tanto vocales como de sintetizadores, que le aportan esa sonoridad espacial necesaria para que nuestra imaginación vuele con el mínimo esfuerzo y sintamos como sus guitarras melódicas nos cogen la mano y nos llevan al espacio en un viaje donde el ritmo marcado por Julia indica la velocidad a seguir. Y aquí, inmersas en una atmósfera espacial, ‘El Halcón Milenario’ es el mejor medio de transporte. Un homenaje a Star Wars sin disimulo alguno que nos anima a dejarnos caer “dentro del lado oscuro de la luna, quiero que veas toda la verdad” y que cuenta con unas guitarras primorosas a las que cualquier adjetivo aplicado en estos casos no les haría justicia.

‘Nebulosa Jade’ es la canción de amor que querríamos para nosotras. En ella la letra roba por completo el protagonismo a la instrumentación. Se puede cantar de mil maneras al amor, con mejor o peor fortuna, pero hacerlo a través de ingeniosos y certeros símiles, eso, sólo pueden hacerlo unos pocos. En mayor o menor medida, tenemos nuestro lado friki, así que resulta muy fácil que caigamos rendidas ante “eres la guitarra que llora de Harrison, la psicodelia de Pink Floyd, eres la pegada de John Bonham, eres la voz de Tom York” (escribir aquí todos los corazones que consideréis necesario).

Llegamos al último de los pétalos, el que da nombre al disco y lo cierra de forma sublime gracias a sus ocho minutos de maravillosa psicodelia. El resultado es que con una combinación de melodía, letra exquisita y acertados cambios de ritmo, unido todo ello a la sonoridad creada por los sintetizadores y la voz de Víctor, consigue sumergirnos sin dificultad en un estado de ensoñación en el que no nos importaría quedarnos a vivir.


En definitiva, Magnolia es un derroche de imaginación y creatividad, empezando por su colorida y luminosa ilustración, por sus letras cargadas de brillantes metáforas, por sus preciosistas arreglos instrumentales y sus melodías. En ella han conseguido mezclar ese lado friki que todos poseemos con todas las cosas hermosas de este mundo que nos hacen felices (la música, el cine, la literatura), meterlo en una cajita, rozarlo con su varita mágica y convertirlo en canciones ¡Gracias Rufus T. Firefly!

¿Queréis saber como se vive Magnolia en directo? Aquí os lo contamos todo sobre sus próximas fechas 🙂

#SomosColectivo

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