Sábado de orgasmos musicales patrocinados por Havalina

He leído en múltiples ocasiones que la música es capaz de provocar en nuestro cerebro un placer similar al de un orgasmo, lo llaman “orgasmos de piel”, yo prefiero llamarle “orgasmos musicales”. Por lo visto, no tiene nada que ver con los sentimientos, es una reacción provocada por cambios repentinos de armonía, saltos dinámicos o notas disonantes que chocan con la melodía principal y que sorprenden al cerebro sacándolo del patrón que había previsto. Sea por lo que sea, eso es precisamente lo que las canciones de Havalina provocan en mi persona y por ello, esto no va a ser una crónica al uso. Podría hablaros del setlist completo, del magnifico sonido, de las miradas cómplices… pero no, me voy a basar en sensaciones.

El pasado sábado 27 de mayo en Barcelona había dos opciones, sucumbir a ese opio de pueblo al que llaman fútbol y quedarse viendo la final de la Copa del Rey o acudir a Sidecar a modo de peregrinación anual, para disfrutar de Havalina presentando Muerdesombra (Ernie, 2017). Supongo que a estas alturas de la partida nadie se pregunta mi elección. Obviamente una servidora eligió la segunda porque desde que los descubriera allá por 2010 con Incursiones’, mi admiración por la banda y hacía todo lo que toca Manuel Cabezalí ya no es un secreto.

Los gatetes cósmicos que lucía Cabezalí en el pecho al salir al escenario, hacía prever que la noche que nos esperaba prometía. No, no estoy loca, si sois seguidores de la banda en redes sociales sabréis la importancia que tiene elegir la camiseta. El concierto arrancó con la intro de ‘Abismoide’ y una voz en off similar a las utilizadas en los teatros que nos recomendaba acomodarnos y agradecía que apoyáramos a la música inquieta y sincera. Una definición perfecta porque si algo caracteriza a Havalina, además de su innegable calidad e intensidad, es que crean canciones con personalidad propia sin importarles las tendencias y dejando a un lado clichés, son una banda que ha sabido evolucionar sin perder un ápice de su personalidad y eso ¡se agradece! A continuación, vivimos uno de esos conciertos enormes que tienen lugar en una sala pequeña pero repleta de incondicionales dispuestos a  viajar por ese universo espacial y de ciencia ficción que el trío ha creado en este último disco, además de vibrar desde el primer acorde con los muros sónicos que levantaron.

Mientras el concierto avanzaba el público movía la cabeza y apretujaba sus cuerpos al ritmo de ‘Más velocidad’ y la preciosista ‘Órbitas’, yo todavía no, me encontraba ensimismada en mi mundo, intentando captar todo lo que pasaba disfrutando de como suenan en directo esos sintetizadores a los que han cedido protagonismo la guitarra y el bajo. Entonces los primeros acordes de ‘Objetos personales’, mi canción favoritas de todos los tiempos, hacia acto de presencia y tuve esa sensación tan familiar por primera vez. Sentí el hormigueo en el estómago, la electricidad recorriendo mi espalda… la sensación de felicidad.

A partir de ese momento, todo lo que pasó fue una especie de catarsis en la que solo las atmósferas más oníricas de ‘Nacidos de la bruma’ o ‘Trópico Fantasma’ me dieron un respiro. Voy a intentar poneros algunos ejemplos, aunque no sé muy bien como explicaros la salvajada que es disfrutar del post rock de ‘Alta Tormenta I y II’ seguidas, lo que sí sé es que ‘Dónde’ me erizó la piel, que lo gocé lo más grande con la fuerza de ‘Viaje al sol’ y que creo haber dejado alguna marca en la mano de mi compañera de conciertos, cuando me trajo una cerveza y justo al tomar contacto Jaime iniciaba ‘Incursiones’. Lo de la lujuria bien, gracias… pero creo que en esta me daréis la razón, no hay una canción más salvaje y sensual a la vez que esta. Sin darme casi cuenta del tiempo que había pasado, la banda hacía un breve intento de abandono del escenario, regresando con ‘Norte’ y ‘El Estruendo’ para cerrar por todo lo alto, dejándonos con una sonrisa grabada a fuego y la sensación de necesitar una visita al fisio el lunes, pero eh ¡mereció la pena!

En definitiva, que Cabezalí es una bestia, pero si le sumas la contundencia de Javier Couceiro a la batería y la red de graves que teje Jaime Olmedo (ahora también al mando de los sintetizadores) la cosa se sale de madre. Y sí, no soy objetiva porque la música de Havalina me provoca placer, no lo escondo. Sus canciones, al igual que determinadas personas, saben donde apuntar para hacer mover mi cuerpo y si una cosa tengo clara a estas alturas de la vida es que me quedo con eso. Me quedo con la música y las personas que son capaces de erizarme la piel, porque esas son las verdaderamente especiales, las que quiero tener cerca. ¡Gracias!

#SomosColectivo

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