Crónica de Ballantine’s True Music Festival 2017: Una gymkana por el centro de Madrid

Este fin de semana, 9 y 10 de junio, se ha celebrado la primera edición de Ballantine’s True Music Festival, un festival urbano que ha llenado el centro de Madrid de música con las actuaciones de 140 artistas en 17 salas distintas. Una auténtica locura que convirtió el centro de la ciudad en lo más parecido a una gymkana donde sus asistentes iban de una sala a la otra para disfrutar al máximo de las 12 horas de música ininterrumpida programadas cada día.


Pero antes de hablar de los conciertos me gustaría hacer algunas apreciaciones. La primera es cierta desorganización en los horarios y cambios de última hora anulando o cambiando el formato de algunos conciertos, por poneros algún ejemplo, el concierto de Dinero acabó siendo un acústico de Sean y la actuación de Grises simplemente desapareció.

La segunda apreciación no tiene nada que ver con el festival en sí, os voy a hablar del público y voy a hacer una petición: ¡abrid vuestras mentes de una vez! La gracia de este festival, además de realizarse en circuito de salas, era que poseía un cartel muy ecléctico y que la mayoría de los artistas eran nacionales; pues bien, la masas en lugar de repartirse entre las diferentes opciones acabaron abarrotando los conciertos de los de siempre. A nivel internacional, Kakkmadafakka y The Vaccines simplemente lo petaron; mientras que en el apartado nacional, las redes se llenaron de quejas por el aforo completo de Miss Caffeina o Lori Meyers y yo me pregunto ¿de verdad a esas alturas de la vida es mejor abarrotarse en un acústico de Lori que darle una oportunidad a una exquisita Joana Serrat?

Estas situaciones de aforo completo estuvieron bastante bien gestionadas por la organización, quienes mediante su app te mantenían informado en todo momento del estado de las salas, evitando viajes en balde. Lo que no estuvo tan bien gestionado fue la salida de las salas, obviamente hay que controlar los aforos, eso no se discute, pero hay formas mucho más ágiles que picar una a una las pulseras tanto al entrar como al salir. El resultado fueron largas colas al finalizar los conciertos para salir de las salas impidiendo llegar a tiempo al siguiente concierto o directamente, consiguiendo que te perdieras algunos.

Por último, me veo obligada a comentar algo que se veía venir, la asistencia no fue tan alta como se podía esperar viendo el gran cartel, según la organización más de 12.000 asistentes (6.000 por día). Las razones son sencillas, Madrid en los últimos años ha pasado de ser una ciudad desértica en lo que se refiere a festivales, a albergar en cuestión de tres meses el Sound Isidro, Tomavistas, Get Mad, Mad Cool, Río Babel, Download… Eso sí, lo que puede ser un problema para los organizadores se convierte en una ventaja para el público y hemos vivido un festival cómodo, sin aglomeraciones y sin colas en la mayoría de salas (quitando las de salida que ya he comentado).

Dicho esto, hablemos de conciertos…


VIERNES 9 DE JUNIO DE 2017

Una de las mejores cosas del viernes fue sin duda alguna poder empezar mi gymkana festivalera con Pianet en el Café La Palma, después de seis horas de autobús y previa visita obligada a El Palentino. Por suerte, el concierto iba con retraso y conseguí llegar a tiempo para ver como Nauzet subía al escenario y tras interpretar ‘Scholla Cantorum’ al teclado se le unía el resto de la banda. A continuación, mostraron en su totalidad Watercolor, un debut que bauticé en su momento como “la belleza hecha música” y que ahora confirmo, tras haberlo podido disfrutar en sala, a pesar de algunos problemillas con el Mac que lanzaba las bases. Su simpatía y el buen rollo entre la banda hace que conectes con su música, haciéndote disfrutar de esas melodías que rebosan elegancia como ‘Old song’ o ‘Darkness’, delicadeza en ‘The first to fall’ o ‘Home’ y luminosidad como en ‘Sunshine’ o ‘Be free’, el tema que cerró el concierto. Seguid así porque estoy segura que vuestro momento llegará en breve. Me queda añadir una cosa que solo entenderéis los que estuvisteis en el concierto ¡vamos Jose!

Recorrer los 15 minutos que separan el Café La Palma de la Sala El Sol a los tropecientos grados de temperatura que hubo este fin de semana en Madrid y poder disfrutar casi la totalidad del concierto de Mucho no fue tarea fácil, pero al final lo conseguí ¡minipunto para mí y para mis compañeras madrileñas que me hicieron de guías! Como ya sabréis si nos leéis habitualmente, desde que se editó Pidiendo a las puertas del infierno (Marxophone, 2016) decidí reservar una parcelita en el infierno porque si lo que se vive allí es algo parecido a lo que los Mucho me hacen sentir con su directo, no pienso quedarme a las puertas. Los toledanos, capitaneados por Martí Perarnau y acompañados por Emil Saiz (alias dios dorado de la guitarra), desplegaron su “mandanga cósmica” entre fieles y amigos que les arroparon y corearon cada una de las canciones. Actitud, talento y complicidad, estas tres palabras resumen a la perfección lo que vivimos. ¡Qué grandes sois, copón!

El plan A tras el concierto de Mucho era Yelle, pero una cola enorme a la salida de Sol para controlar el aforo y el calor sofocante me hizo otra opción que apareció en forma de concierto de Kakkmaddafakka en el Círculo de Bellas Artes. El plan B parecía tener todos los ingredientes para ser un éxito: el Círculo es precioso, la distancia a recorrer entre salas es pequeña y esta banda es sinónimo de diversión ¿qué podía salir mal? Pues bien sencillo, los noruegos desde que sus coristas se marcharon ya no son lo que eran, se han hecho mayores y en su último disco KMF suenan más sosegados e incluso me atrevería a decir nostálgicos. Temas como ‘Galapagos’ que escuchados en casa suenan exquisitos, en directo se hicieron algo aburridos, solo les salvaron sus himnos porque cuando tocan ‘Restless’ o ‘Your girl’ los pies se mueven solos, no se puede evitar.

Con sabor agridulce y bastante decepcionada emprendí el camino hacia la Sala Arena para disfrutar de una de mis bandas nacionales favoritas, WAS. Los de Getxo son una apuesta segura, sabes que en sus conciertos lo vas a pasar bien, su propuesta está pensada para que no puedas para de bailar ya sea con los temas de su época como We Are Standard como ‘The first girl who got a kiss without a please’, ’07:45′ y ‘Can I count on you’, o con cualquiera de los incluidos en su último disco Gau Ama, ‘Irrintzi’ o ‘Upside Down’, mucho más cargados de sintetizadores y con una clara influencia de la música tradicional vasca. Pero creo que lo que ocurrió el viernes sorprendió a todos, la comunión entre público/banda fue total desde el primer acorde y los asistentes se volcaron de una forna tan brutal, a pesar del calor infernal, el propio Deu dio las gracias en múltiples ocasiones. Ojalá más conciertos como este ❤

Agotada decidí de nuevo recurrir al plan B y en lugar de desplazarme hasta Clamores para ver a Meneo, decidí quedarme hasta que el cuerpo aguantase en la Sala Arena bailoteando con las sesiones de DJ AmableTiger & Woods. Me hubiera encantado quedarme a ver a The Magician, pero era eso o amputarme los pies, así que preferí recurrir a los consejos de mi madre “una retirada a tiempo siempre es una victoria”.


SÁBADO 10 DE JUNIO DE 2017

Mi sábado empezó con el corazón dividido entre el País Vasco y Valencia, la cabeza me decía “ya viste a Belako la semana pasada en el PS” pero el corazoncito me pedía volver a bailarlos. La solución al final fue sencilla, un poquito de cada que las salas tampoco estaban tan lejos… La segunda jornada la empecé en la Sala But con Belako comprobando una vez más que el directo de los de Munguía es explosivo y mejora día a día. Y ahí permanecí, bailando hasta que la sala se cubrió de rojo y ‘Fire alarm’ hizo acto de presencia. Tras este temazo, me dirigí al Café La Palma donde Polock estaba dando una lección de pop elegante mientras presentaban Magnetic Overload, dejando a más de uno con la boca abierta a base de riffs contundentes y esos aromas más setenteros que logran con los sintes. Nunca entenderé por qué estos valencianos no se suben todavía a los grandes escenarios nacionales.

A continuación, me dejé tentar e hice mi peregrinación anual a Casa Camacho para degustar unos “yayos”antes de dirigirme a la Sala Maravillas y gozarlo con Señores. Goiko, Guille, Claudio y Julen se presentaban en Madrid con el firme objetivo de llenar Maravillas de La Luz (Cuatro Barbas, 2016) que generan sus “baladas”. No os voy a engañar, la sala no estaba llena a rebosar, pero los que buscamos hueco dentro de la programación del festival fuimos dispuestos a disfrutar, a hacer del concierto algo especial y… ¡lo fue!

Resulta curioso que precisamente me perdiera ‘La Luz’, tema con el que abrieron, ya que mi entrada a la sala coincidió con la critica ‘Democracia enferma’, pero tras soltar globos, hacer las fotos/stories de rigor y coger buen sitio para bailar comenzó mi gozo. ‘Gente normal’ sirvió para coger el ritmo y entrar de lleno en la visceral ‘Verbena en la Plaza del Pueblo’, un tema que siempre me transporta a la Plaza del Trigo. El concierto avanzaba y los temas se iban sucediendo, canciones como la deliciosa ‘Margaritas’, la sarcástica ‘Masa madre’, las urgentes ‘El pincel’ y ‘Dios enamorado’, la pegadiza y agitadora ‘Corporativo avaricio’, la batalladora ‘Estrella de la muerte’, la brutal ‘Carta de Amor Futura’ fueron agitando y ganándose al público hasta que como todo lo bueno, llegó el final y dieron rienda suelta a su lado más punk con ‘El vendedor de enciclopedias’. Directos, enérgicos, ruidosos cuando hace falta y adorables, así son Señores.

Al salir de este concierto amoché, pero a lo grande… no sé si fue la adrenalina, los dos “yayos” previos, el calor, que me falló la rodilla lisiada, mi torpeza innata o los putos adoquines, la cosa es que en la puerta de Maravillas me caí y cuando conseguí levantarme, estaba haciendo el egipcio con el codo dislocado. Todo muy digno. Lo siguiente fue cambiar a Delorean en el Teatro Barceló y a Ed is Dead en la Sala Penélope por un concierto privado del Samur, seguido de un concierto de una servidora vocalizando a lo “screaming” en el escenario Fundación Jiménez Díaz para después, entre aplausos de las enfermeras y ya escayolada, volver al festival para ver como Matias Aguayo lo estaba petando en la Sala Arena.

A continuación, también el Arena, el DJset de Hot Chip se encargó de crear un auténtico fiestón para los amantes de la música electrónica, aunque yo, mucho más rockera/popera me sentí un poco desubicada entre la masa de cuerpos danzarines así que decidí dar por concluida la noche.


Hasta aquí mi Ballantine´s True Music Festival, un festival que ha sido todo un acierto y que si mejora un par de cositas, como la fecha en la que se celebra, seguro que acabará convirtiéndose en un clásico como ya lo es el Monkey Week (festival pionero en la programación de numerosos conciertos simultáneos en diferentes salas) en el sur del país.

#SomosColectivo

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