Fue mágica, emocionante, vibrante. Fue la presentación de “Resplandor” de Maryland en La Iguana

Utilizamos el adjetivo mágico cuando nos referimos a algo relacionado con la magia o cuando algo nos parece maravilloso. Teniendo en cuenta esto, estaría acertado decir que el concierto del 24 de febrero en La Iguana Club de Vigo en el que Maryland presentó Resplandor (Subterfuge Records, 2018)  fue mágico. Pero quedarnos sólo con ese adjetivo con todo lo descriptivo que puede llegar a ser, sería quedarse corta. También fue emocionante y vibrante.

La magia surge cuando banda y público se reencuentran cuatro años después en su ciudad, en una de las salas más emblemáticas de Vigo y la comunión entre ambos es total. Puede que el hecho de que Rubi, Pablo, Alex y Erick comenzasen el concierto flirteando con la hora bruja tenga algo que ver, pero también lo es el llenazo de esa noche en La Iguana  y  que el público cantase ‘Felina’, ‘Nueva York’, ‘Arde’ o ‘Ave Fénix’ como si llevasen meses sonando y no como temas de un disco que lleva poco más de un mes en el mercado. Es entonces cuando hace acto de presencia la emoción en el escenario en forma de miradas cómplices y amplias sonrisas.

Emoción es lo que planea entra la gente que hace cola un buen rato antes de que se abran las puertas de la sala. Tocar ‘Los Años Muertos’, ‘Pozo de Almas’ o ‘Días de Reinado’, oír a los amigos y desconocidos cantar, verles bailar y sentir que la última vez que les vieron en una situación igual no fue hace cuatros años, si no ayer. Recordar a Holywater con ‘Tranquilidad (Parte 2). Tener presente a tus compañeros de banda y furgo que ya no te acompañan (Iván y Arturo),  nombrarles, hacerles sentir que se les quiere y extraña y dedicarles ‘El Club de los Cinco’ con el aplauso y vítores de los presentes. Y emoción fue sentir la magia flotar en La Iguana cuando sonó ‘Cometas y Estrellas’, la canción que Maryland dedica a sus fans. En realidad, no solo fue emocionante, también inolvidable.

Vibrante es escuchar en directo el comienzo guitarrero de ‘Sueño Lúcido’, un pepinazo en toda regla. El oscuro medio tiempo de enérgico estribillo de ‘Disculpas Aceptadas’ y el “uh, uh, uh, uuuh, uh, uh, uuuuh” y la melodía festiva de ‘La Caleta del Sol’. Y mágico, emocionante y vibrante fue cerrar el concierto con ‘Camino’, cambiando el sonido de la acústica por una eléctrica para darle un punto más rockero y con una interpretación sublime como no había visto hasta ahora de Rubi. Como comentaba un compañero al finalizar al concierto, si cualquier otro artista de mayor reconocimiento entre los medios hubiera hecho esa misma interpretación en la Joy Eslava o Razzmatazz, los medios de prensa escrita de más renombre lo hubieran puesto por las nubes y más allá. No puedo estar más de acuerdo con él.

No sería esta una crónica fiel a lo que sucedió esa noche si no mencionase los problemas de sonido con los que tuvieron que lidiar durante el concierto que, en alguna ocasión, dejaba entrever alguna mueca de descontento entre los componentes de Maryland y entre el público. Tampoco lo sería decir que esos problemas mermaron el fantástico concierto que dieron porque sonaron compactos, seguros, maduros, enormes. De no ser por eso, hubiera sido la noche perfecta y yo soy de la opinión de que la perfección no existe pero ojo, parece que  los chicos de Maryland le tienen bien tomadas las medidas y, ya que estamos hablando de magia, pudiera ser que una noche la perfección hiciera acto de presencia.

#SomosColectivo

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