Crónica de Nunatak y Rufus T. Firefly compartiendo escenario en el Let’s Festival: “La noche perfecta”

Año tras año, no me canso de alabar las virtudes del Let’s Festival. Año tras año,  nos demuestra que con buen gusto y amor por la música (esto es lo único que explica su apuesta por algunas bandas poco conocidas), son capaces de regalarnos horas de gozo y noches memorables. Un claro ejemplo de noche memorable es la que vivimos el viernes, casi en la recta final del festival, con la dupla Nunatak y Rufus T. Firefly sobre el escenario de la Sala Salamandra.


Abrieron la noche Nunatak y aunque para mi no era nuevo lo de que siempre es un placer ver en directo a los de Cartagena, no me esperaba el inmenso cambio que ha significado Nunatak y el tiempo de los valientes (Warner Music/Son Buenos) en su sonido. ¡Qué barbaridad! En sus nuevas canciones a banda ha sabido combinar a la perfección sus virtudes conjugando el característico sonido acústico de sus anteriores composiciones,  con melodías mucho más pegadizas y asequibles. El resultado son temas llenos de energía que en directo son como puñetazos en el estómago, para muestra ‘Nadie nos va a salvar’ y ‘Bestias sedientas’, los dos temas con los que arrancaron.

Eso sí, si algo caracteriza a este nuevo sonido son las voces, unos coros multitudinarios de esos que erizan la piel incluso al más despistado del lugar. Cuando escuchas el disco puedes pensar que es cosa de capas, pero han sabido llevarlo al escenario y los coros de ‘Romper el cielo’, ‘Nadie nos va a salvar’ o ‘Aún respira’, el viernes sonaron épicos.

Pero no penséis que se han olvidado de sus anteriores discos, porque no lo han hecho, eso sí, algunas de ellas como ‘Soy viento, soy fuego’ o ‘El grito’ suenan renovadas y con mucha más energía. Además, tras la fantástica ‘Disonancia perfecta’, mi canción favorita del nuevo disco, hicieron una de las cosas que se les da mejor, tocarnos el corazoncito bajando del escenario y regalándonos en riguroso acústico ‘Solos’ y ‘Nubes’. Una auténtica preciosidad que los presentes agradecieron rodeándolos y manteniendo un respetuoso silencio.

No puedo acabar sin comentar la que se lió con ‘Sigues en pie’. No sé si ellos fueron conscientes desde el escenario de la cantidad de gente que se lanzó a bailar, dar vueltas y del mini pogo (sí, habéis leído bien y juro no haber tenido nada que ver) que se organizó. No sé si fue el ukelele, la trompeta o la alegría que desprende esta canción, pero en ese momento tuve claro que 2018 es el tiempo de los currantes, de los valientes… es el momento de Nunatak. ¡Lo vais a petar chavales!

Tras este subidón de energía y buen rollo en una abarrotada Sala Salamandra se respiraba nerviosismo por el inminente concierto de Rufus T. Firefly. Hacía casi un año de su última visita a Barcelona y claro, había muchas ganas de volver a disfrutar de su explosivo directo. Lo que ha ocurrido con esta banda en el último año es algo poco habitual y no puedo alegrarme más de ello. Más de diez años de vida y duro trabajo se han visto recompensados a partir de la edición de su Magnolia, una brutalidad hecha disco que les ha proporcionado el reconocimiento del público.

Las primeras notas de ‘Tsukamori’ surcaban el ambiente, la nueva escenografia cobraba vida y las siluetas de la banda liberaban su magia. A partir de ese momento, me dispuse a flotar con ellos y ‘El Halcón Milenario’, lo del exterior ya no era importante, lo único a lo que presté atención en ese momento fue a la preciosa ‘Última noche en la tierra’, a la historia de ‘El problemático Winston Smith’, al sensual ritmo de ‘–O–‘, al ‘Cisne Negro’ y ese galopar del bajo que me hipnotiza, o a ese ensoñador ‘Espectro’ que te absorbe sin que te des cuenta…

Temazo tras temazo, la noche avanzaba y los de Aranjuez decidían mostrarnos algunos de los temas que formarán parte de la segunda parte de Magnolia, un trabajo que se editará próximamente y que según Víctor Cabezuelo tienen muchas ganas de mostrar. ‘Carl’ me proporcionó buenas energías e ‘Improvisa’ me pareció una auténtica salvajada, me encontraba comentando con unos compañeros lo mucho que me estaba gustando este tema instrumental, cuando de repente cambiaron de registro y aumentaron la intensidad un 200%, sorprendiéndonos a todos… creo que llegaron a dejar a alguno despeinado.

Bajé de mi nube de golpe cuando las manos de Julia se convertían en puñales marcando el implacable ritmo de la lava de ‘Pompeya’, arrastrándome con ella. ¿Vosotros también sentisteis como el suelo os llevaba hacia adelante? Porque una servidora todavía no tiene muy claro como acabé en las primeras filas, pero desde allí mi corazoncito se estremeció con la canción de amor más friki y auténtica de la historia. Esa canción que todas querríamos que nos dedicaran aunque nos hagamos las duras, esa que es capaz de conseguir que el público coree un “lo lo lo” a lo hooligan en sus partes instrumentales, ‘Nebulosa Jade’. Después llegaría la magnifica ‘Magnolia’ y la intensidad hecha canción de ‘Río Wolf’ que pondría fin a una noche para el recuerdo.

Rufus T. Firefly ya os lo he dicho muchas veces, pero ¡os quiero! ¡sois un puto milagro!


¡Larga vida al Let’s Festival!

#SomosColectivo

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