Crónica del Festival Tomavistas 2018 (Viernes)

El Tomavistas se va consolidando como uno de los festivales madrileños más selectos. Su escasa arrogancia y su sobrada inteligencia para detectar el talento musical han hecho que se respire ese mimo y ese amor por la música, lo cual es de agradecer por los melómanos congregados allí.


CRÓNICA DEL VIERNES

Me había pasado toda la mañana mirando la app del tiempo meteorológico. La muy embustera no dejaba de decirme que no iba a llover, de hecho, en medio del aguacero, siguió manteniendo su postura de “cielo parcialmente nublado”, creo que estamos creando una sociedad tan altiva que ni las apps claudican cuando es más que evidente que se ha equivocado. Confié ciegamente en ella.

La jornada no pudo empezar de peor manera (bueno, siempre se puede ir a peor… mejor no tentar a la suerte). Llegué cuando estaban acabando de tocar los geniales Disco las Palmeras!, pero la tremenda cola para entrar (me alegro por el exitazo de la convocatoria) me hizo entrar con retraso (hablo todo el rato del retraso temporal, de mi retraso mental os hablaré otro día). Afortunadamente pude entrar y llegar a ese límite de permanencia de los fotógrafos en el foso marcado, de manera estándar, por las tres primeras canciones (las compañeras de La Trinchera siempre tan amables). ¡Bien!

Él mató a un policía motorizado marcaba mi inicio de jornada. Los argentinos aparecían en el escenario Four Roses con un percusionista añadido, lo cual le otorgaba (más) alma aún a la banda. Justo cuando la actuación empezaba a encauzar los bailes frenéticos del público la temida nube negra empezó a descargar sobre nosotros. La banda pudo terminar su actuación y los fanáticos aprovecharon los pogos de ‘El mundo extraño’ o ‘Fuego’ (de su último disco, La síntesis O’konor) para bailar bajo la lluvia y tener una bonita anécdota que contar a sus amistades. Yo me refugié en la caseta de los DJs. Posteriormente, unos amables miembros de seguridad me sacaron de allí, dada la peligrosidad, para conseguirme un refugio bajo una sombrilla de Red Bull (mi anécdota tampoco se queda atrás). Estuvo más de media lloviendo como si estuviésemos en pleno BBK Live.

La lluvia provocó que Iseo & Dodosound no pudiesen, si quiera, intentar salir a escena, una lástima. Una vez que escampó, los valientes que nos quedamos en el recinto, aunque húmedos, pudimos disfrutar de la energía de Superchunk. No me creo las palabras de su líder, Mac McCaughan, cuando aseguró que ya estaban mayores, ¡ojalá máss grupos actuales con esas tablas y esa potencia”!.

Una pega tengo que ponerle al festival: la existencia de un solo paso de un escenario a otro. Yo entiendo que para el público supone, simplemente, un solapamiento de unos cinco o diez minutos entre concierto y concierto, pero el hecho de tener que ir de un escenario a otro por un solo lado provocó que no pudiera ver ningún concierto completo si quería evitar el cuello de botella y llegar para la entrada del siguiente foso (por cierto, poner la entrada al foso justo en el lado contrario por donde entraba la gente al escenario tampoco es operativo, queridos). Solo como sugerencia para próximas ediciones.

La humedad del ambiente y el humo en el escenario creaban el ambiente vasco perfecto para que Belako saltaran al escenario Tomavistas, con chubasqueros, para hacernos disfrutar con ‘Sea of confusión’ o ‘Over the edge’ (un alegato contra la violencia de género). De la juventud pasábamos de nuevo a la madurez con Ride, en donde el rock y la psicodelia llenaron el escenario principal, ¡cómo sonó ese ‘Lannoy point’ para arrancar el concierto!, creando la atmósfera desde lo misterioso de sus primeras notas hasta la profundidad de su desarrollo.

Confieso que tenía muchísimas ganas de (volver a) ver a Javiera Mena y que me frustró que se le estropeara el ordenador en dos de mis canciones favoritas, ‘Intuición’ y ‘Los olores de tu alma’, en fin, creo que a ella también le afectó este percance técnico porque no emanó la misma energía que yo había percibido en anteriores ocasiones.

Django Django estuvieron entretenidos, con su show repleto de bailes (del teclista) o de aporreamiento de percusión de Vincent Neff. Ideales para ver desde las mesas comiendo un burrito y descansando un rato.

La verdad es que, tras la cena, todo el cansancio se me vino encima. Además, en ningún momento llegué a secarme y a esas horas de la madrugada el frío ya empezaba a calar, así que me quedé a ver un rato a Novedades Carminha y ya fui incapaz de rematar la jornada con La casa azul.

Aída Cordero
#SomosColectivo


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