Crónica del Festival Cruïlla 2018: “El Cruïlla Enamora”

El pasado fin de semana tuvo lugar una nueva edición del barcelonés Festival Cruïlla. Una edición marcada, de nuevo, por una propuesta musical eclèctica, espíritu veraniego, comodidad y compromiso ambiental (es el primer festival al que asisto en el que los vasos son totalmente reciclables).

Según la organización 57000 personas han disfrutado este año del Cruïlla, unas cifras similares a las del año pasado y que junto con los nombres que ya han confirmado para su próxima edición (MGMTCat PowerViva Suecia y Neuman) nos hacen desear una máquina del tiempo para teletransportarnos hasta octubre.


Jueves 12 de julio del 2018
La noche de los valientes

Los tres días de festival se iniciaron el jueves, con la jornada inaugural. Un día que nació como una especie de fiesta previa, pero que a día de hoy está totalmente asentada, en parte por el cartel de infarto que se había programado: Seasick Steve, Jack White y Bunbury ¡Cómo para perdérselo!

Mi Cruïlla empezó algo más tarde de lo que me hubiera gustado, llegué al Fòrum cuando Seasick Steve se encontraba casi finalizando y aún así, pude comprobar como el bluesman encandilaba a todo el que se había acercado al escenario Estrella. Algo normal ante semejante demostración de talento, tanto suyo como de sus músicos, energía e interacción con el público (se mostró bastante más comunicativo de lo que esperaba).

El sol empezaba a ponerse y el recinto comenzaba a llenarse de camisetas de Héroes del Silencio y de Bunbury, pero antes de disfrutar del maño una servidora lo gozaría como una niña con su particular dios internacional, Jack White. El repertorio con el que nos obsequió estuvo marcado por temas de su carrera en solitario, ‘Over And Over And Over’ por ejemplo, sonó a gloria; un buen puñado de temas de su anterior etapa con The White Stripes, ‘Hotel Yorba’ y ‘Seven Nation Army’ causaron sensación; y la sorpresa de la jornada, ‘Steady As She Goes’ de The Raconteurs que enloqueció a la mayoría. Y sí, lo gocé y la cuenta atrás con la que arranca el show y que parece no llegar nunca al final, casi me desquicia, pero también he de reconocer que la actuación del estadounidense no es la mejor que le he visto. Esta sensación no tiene nada que ver con él o su banda, su directo es tan enérgico y sólido que ni un diamante podría hacerle mella, sino porque tuve la sensación de que no conectó con el público hasta la mitad del concierto, curiosamente cuando comenzaba a anochecer.

El cierre de fiesta corria a cargo de otros de mis dioses musicales, el impecable e inigualable, Enrique Bunbury. A estas alturas de 2018 y tras varios conciertos de la gira Expectativas, creo que puedo afirmar sin equivocarme que este último disco, ha sido un chute de energía para el zaragozano. Su dominio del escenario es indiscutible, lo analices en la época que lo analices, pero ahora vuelvo a tener la sensación de que vuelve a disfrutar de todo lo que hace y eso, aunque no quieras, se contagia. Temas nuevos como ‘La ceremonia de la confusión’, ‘La actitud correcta’ o ‘Cuna de Caín’ sonaron vigorosos. Los juegos de luces y los nuevos arreglos, destaco la aportación del saxo, hicieron que viejas composiciones y grandes éxitos como ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’ o ‘De todo el mundo’ sonaran actuales. Pero si hay temas en los que la aportación de Los Santos Inocentes, su intachable banda, fueron ‘De mayor’, ‘Infinito’ o mi adorada ‘Lady Blue’, es increíble como pueden pasar sin apenas esfuerzo del jazz, al blues, al cabaret o al rock mas intenso. Obviamente, teniendo en cuenta que en sus directos rescata temas de casi todas sus etapas, no podia faltar el regalo a sus fans mas antiguos, un obsequio que llegaria en forma de ‘El mar no cesa’, ‘Héroe de Leyenda’ y una espléndida ‘Maldito duende’.

Bunbury por Xavi Torrent

No puedo acabar la jornada sin comentar las actuaciones de Rolling Vives Collective y Always Drinking Marching Band, las bandas encargadas de animar los interludios entre conciertos. Dos propuestas divertidas, animadas y que en ocasiones te hacen plantearte que es mejor, si los cabezas de cartel o los bailoteos que te patrocinan. ¡Maravilloso!


Viernes 13 de julio de 2018
¡Viva la diversidad!

Lo bueno del Cruïlla es que no para de reinventarse y de darte sorpresas. Mi jornada del viernes arrancó temprano, en el escenario Cruïlla Enamora, tumbada en la fantástica explanada que hay ante él y el cálido concierto de Joan Dausà. Una ubicación perfecta para disfrutar de los temas de su último disco, Ara som gegants, así como de otros temas más conocidos, la mayoría incluidos en las BSO de las películas ‘Barcelona Nit d’estiu’ y ‘Barcelona Nit d’hivern’. Lo bueno de Dausà es que aunque no le conozcas es imposible no sentirse cautivado y conectar con su música, al fin de cuentas el catalán es uno de los mejores comunicadores y speakers que tenemos en el país.

Seguí con una de esas bandas que aportan un extra de buen ambiente a todo lo que hacen, Blaumut. Equilibri ha significado sin duda alguna el disco de consagración de la banda, tiene un punto más pop que los anteriores, pero siguen dejando pinceladas de clásica y electrónicas consiguiendo que todo fluya y dando un mayor protagonismo a las cuerdas. A los catalanes se les notó cómodos y disfrutando sobre el escenario consiguiendo contagiar al público que bailaba y coreaba sus temas más conocidos. La anécdota del concierto llegó en forma de bis. Tras abandonar el escenario brevemente volvieron al grito de “otra, otra”, ataviados con camisetas del Barça algunos y otros, como Xavi de la Iglesia, de naranja. La razón, un homenaje a Johan Cruyff. Lo bueno de esto es que esto nos lo explicó Vassil, al que ya empezaba a echar de menos porque casi no había hablado. Espero que lo de mantener callado al dicharachero violinista sea motivo del poco tiempo que les otorgó el festival y no porque quieran cortarle las alas, sería una lástima.

Tras este chute de buenas vibraciones me dispuse a hacer tiempo hasta la visita del mítico Gilberto Gil cenando algo y bailoteando al ritmo de N.E.R.D (No One Really Dies) o lo que es lo mismo, el grupo de hip hop de Pharell Williams y Chad Hugo. La multitudinaria banda no tardó en meterse el público en el bolsillo a base de energía, desenfreno, un elenco de bailarines que harían las delicias del más aburrido del lugar y las bases de grandes hits como ‘Seven Nation Army’ (The White Striples), ‘Get Lucky’ (Daft Punk) o ‘Hollaback Girl’ (Gwen Steffany).

Gilberto Gil por Sergi Moro

Por suerte, no tuve que esperar mucho para disfrutar del que sin duda fue el concierto de la jornada, el de Gilberto Gil y es que si por algo el Cruïlla es especial, es por incluir actuaciones como esa en su programación. Rodeado de una docena de músicos, cada uno más impresionante que el anterior, el concierto del de Bahía significó un soplo de aire fresco, alegría y de clase. Los primeros temas fueron un calentamiento previo, en el que la banda se encargó de encender al público. Mención especial para el acordeonista Mestrinho y Mayra Andrade a la voz, que forma de poner el escenario Time Out patas arriba. Ya con ‘Patuscada de Gandhi’ apareció Gilberto y se desató la locura en las primeras filas. Yo quiero llegar a la edad de este señor y mantenerme en esta forma, cantó, bailó, tocó la guitarra, hizo coros… todo con una sonrisa en la boca, ¡así sí!. La anécdota fue cuando nos contó que la actuación se enmarca en la gira que celebra los cuarenta años del disco Refavela, un trabajo que surgió después de un viaje a Lagos donde convivió con Fela Kuti y entró en contacto con nuevos conceptos de la música africana.

La guinda al concierto del brasileño la puso el Aquelarre de Cervera, que con un espectáculo épico ideado por el director artístico Albert Parra, dejó a todos los que nos reunimos en el escenario Time Out con la boca abierta. Allí, ante nosotros, se desplegó un montaje faraónico en el que no faltaron ninguno de los míticos seres de la fiesta de la capital de la Segarra moviéndose al ritmo de la Band Tokades, los demonios Carranquers, los Bombollers y los Gegants de Cervera, además de unas bestias ideadas para la ocasión, una araña gigante y un enorme dragón. Estoy segura de que este año seremos muchos más en agosto celebrando la escorreguda del Mascle Cabró gracias a esta performance.

Mientras mis amigos disfrutaban de Mi capitán, una servidora decidió ir a cenar ya que la Carpa Movistar puede ser un espacio mágico en algunos casos, pero también asfixiante en otros como este. De fondo sentí como el público que se congregaba ante el escenario Estrella Damm enloquecía por culpa de los Prophets of Rage, la banda formada por antiguos miembros de Rage Against The Machine, así como raperos de Public Enemy Cypress Hill . No era para menos, los californianos a golpe hits como ‘Jump Around’, ‘Guerrilla Radio’ o ‘Killing in The Name’, y consignas reivindicativas anti Donald Trump o ‘Catalunya Lliure’ convirtieron el Cruïlla en una olla a presión. ¡Viva la rebeldia!

Tras la apisonadora de Prophets Of Rage seguí bailando y pegándome una fiesta considerable con los Lori Meyers. Cuando llegué la explanada del escenario Time Out ya era un mar de cuerpos danzantes y desbocados, disfrutando de la colección de hits que los granadinos han sabido acopiar durante estos 20 años de carrera y que habían seleccionado para la ocasión. Personalmente me reconcilié con ellos gracias al buen rollo que supieron despertar, a su puesta en escena y a la solidez con la que recrearon temas que ya son parte de mi BSO vital como ‘¿A-ha han vuelto?’, ‘Mi realidad’ o ‘Alta fidelidad’. ¡Putos Lori!

Agotada tome aire gracias a la clase de Joe La Reina justo antes de la gran fiesta final, la de La Pegatina. Los de Montcada se subieron en su día en un cohete y nadie sabe lo alto que van a llegar, cada directo es mejor que el anterior y cada concierto es una fiesta mejor que la anterior. Y como en toda buena fiesta no puede faltar el baile, la música y el confeti, algo que con ellos llega al principio para que te prepares para el tsunami que se te viene encima.Adriá, el RubiRomainOvidi, Axel, Ferrán, Sergi y Miki, con nuevo trombón completando en esta gira a una banda siguen con la misma energía del primer día, sin duda esto es el secreto de su éxito. El público les responde a su entrega coreando cada una de las letras, no importa que las canciones sean de los primeros o de este último disco, Ahora o Nunca. ¡!Vaya fenómenos!

La Pegatina por Sergi Moro


Sábado 14 de julio de 2018

Llamadle indisposición o cansancio acumulado, la cosa es que mi última jornada en el Cruïlla fue algo más corta de lo que me hubiera gustado. Arranqué con Ramon Mirabet, un artista con una relación especial con el festival y algo así como un récord en actuaciones memorables dentro del mismo. El de Sant Feliu es experto en propagar buen rollo, sensibilidad y sobretodo, hacer que el público disfrute y conecte con su música, aunque algunas de las canciones que incluyó eran nuevas y no verán la luz hasta otoño. Toda un experiencia.

Después de la experiencia del viernes con el Aquelarre de Cervera, nadie me hubiera convencido para perderme la performance de La Fura dels BausDreams me dejó boquiabierta en directo y volvió a hacerlo cuando me documenté y descubrí que la red aérea de 40 personas que se elevaba sobre nosotros estaba formada por personas con necesidades especiales y sus terapeutas ¡Maravilloso!

Después de una visita obligada por la zona de food tracks, una de las zonas de restauración hechas con más gusto que recuerdo en un festival, me trasladé al concierto que más ilusión me hacía de la jornada, Albert Hammond Jr. Aunque el guitarrista de The Strokes tocaba en uno de los escenarios pequeños, el Radio3, no se amilanó, lo dio todo y claro, el público respondió a su entrega tanto cuando estuvo sobre las tablas, como cuando decidió bajar y fundirse entre los presentes derrochando personalidad. Un concierto para enmarcar.

Me hubiera gustado quedarme a Justice, me han contado que su puesta en escena fue espectacular, pero mi cansado cuerpo no daba para más, así que tras un breve paso por la Carpa Movistar para ver como Núria Graham desplegaba una vez más su magia me marché, eso sí, con una sonrisa de oreja a oreja que todavía renace mientras escribo estas palabras recordando el fin de semana.


Hasta aquí mi Cruïlla, una experiencia que me ha servido para reafirmar su eslogan “#CruïllaEnamora”.

#SomosColectivo

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