Crónica Low Festival 2018: “Ni la luna roja fue capaz de eclipsar el X aniversario del Low”

El Low Festival de Benidorm ha cumplido su décimo aniversario con un éxito rotundo de público, artistas y, sobretodo, organización. Tres días de buena música, buen sonido, miles de espectadores (75.000 asistentes en sus tres días en el recinto y 8.000 previos en la Welcome Party con la que inauguraban el jueves) y lo más importante, ni un sólo incidente destacable. De hecho en muchos momentos me sorprendí mirando a mi alrededor y planteándome lo bien organizado que estaba para estar compartiendo espacio con una media de 25.000 personas al día y no sentirme agobiada ni un sólo momento.

Tres días en los que la música no ha dado tregua y con un cartel que sin tener grandes bombas mediáticas, supo combinar a la perfección una gran variedad de registros y estilos. El viernes estuvo protagonizado por Iván Ferreiro y Phoenix, desde el sábado están grabados en nuestras retinas el directazo de Biffy Clyro y el enorme show de The Chemical Brothers, mientras que el domingo Izal y Editors fueron los que más afición generaron.

Pero voy a dejarme de palabrería y alabanzas, voy a lo que os interesa, lo que pasó en las distintas jornadas.


Viernes 27 de julio de 2018
Y al final, lo nacional se impuso a Phoenix

Más de 25.000 personas disfrutaron la noche del viernes de la jornada inaugural del décimo aniversario del Low Festival 2018 en la Ciudad Deportiva Guillermo Amor de Benidorm.

Una servidora que tenía frente a ella más de seis horas de coche para llegar a Benidorm y por lo tanto, no accedí al recinto hasta casi las 21h, perdiéndome a dos artistas que te hacen llenarte de orgullo por compartir genero con ellas, Joana Serrat y Christina Rosenvinge. De todos modos, que nadie piense que mi entrada al recinto fue atropellada ni mucho menos, gracias a la #EnergyParty de Energy Sistem pude hidratarme con cerveza fresquita, cenar gracias a una BBQ fantástica (en la que tuvieron la delicadeza de contemplar una opción vegetariana) y pegarme mis primeros bailoteos con la pinchada de YALL. Vamos que si no llega a ser porque se acercaba la hora de La Plata me hubiera quedado a vivir allí.

Ya en el exterior, mientras a lo lejos sonaba Iván Ferreiro, yo ya guardaba sitio para el que fue mi primer concierto, el de La Plata en el escenario Jägermeister. Inicialmente, podía parecer que los valencianos jugaban con desventaja debido a que su actuación sufrió un cambio de horario de última hora por el retraso debido a motivos logísticos de Mujeres, pero nada más lejos de la realidad. Un nutrido grupo de fieles se agolpaba dispuestos, mediante pogos y cantos de canciones urgentes que ya suenan a himnos como ‘Un Atasco’ o ‘Me Voy’, a demostrar porque La Plata son, desde hace ya meses, una de las bandas más destacadas de la escena independiente actual.

Turno para otro de esos grupos nacionales que son siempre una apuesta segura, León Benavente. La banda, que este año han limitado sus actuaciones en directo, salieron al escenario Matusalem  por todas y dispuestos a competir con el eclipse lunar que se vislumbraba a sus espaldas. El resultado fue una actuación sin fisuras y llena de energía, con lanzamiento de Abraham Boba al público incluido, de esas que se tarda tiempo en olvidar.

Después de tanto danzar, necesitaba un pequeño respiro, así que en mitad de una breve excursión para hidratarme pude ver como los inclasificables Alien Tango hacían las delicias de sus fieles y algunos curiosos con cara de asombro. Así, haciendo tiempo, llegó el momento de uno de los platos fuertes de la noche. Los franceses Phoenix arrancaron desde el principio con temas como ‘Entertaiment’ o ‘Lisztomania’, volviendo loco al personal y dejando claro que pese a las criticas iniciales, son unos dignos cabezas de cartel de cualquier décimo aniversario que se precie. A partir de ahí, un recital con buen gusto y sonido espectacular, bañado por una puesta en escena llena de colores y con un juego de luces perfectamente estudiado, aunque no nos engañemos, algo lineal en muchos momentos.

Tras este derroche de preciosismo, volvía a necesitar un toque de locura y nadie mejor para eso que mis paisanos Mujeres. Qué bestias son y con qué ganas salieron al escenario. El trío de Barcelona, que había tenido problemas con el avión y por ello tuvieron que turnarse con La Plata, no desaprovechó el horario y salió a por todas, demostrando que sus 10 años de carrera no son una casualidad y sobretodo, que son carne de directo. Queridos, para sentimiento importante, la locura que desatáis en todos vuestros conciertos ¡Maravilloso!

Y sí, se supone que después de esto tendría que haber ido a ver a Vitalic y bla, bla, bla… pero no, porque a mi a mamarracha no hay quien me gane y, por lo tanto, no me perdería a Esteban y Manuel por nada del mundo. Los gallegos se han convertido en la banda del momento con su verbena actual y su cumbia irreverente, consiguiendo que todos sus conciertos sean una fiesta y que el público enloquezca mientras mueve las caderas, poguea o hace congas por el escenario Jägermeister. Disfrute 100%.

Y así, con las caderas al rojo vivo de tanto bailar finalizó mi primera noche en el Low.


Sábado 28 de julio
Chemical Brothers lo eclipsan todo

El sábado aterrizacé directamente en el concierto de Los Planetas cuando los últimos acordes de ‘Islamabad’ todavía resonaban en el escenario Vibra Mahou. Los granadinos se presentaban como uno de los platos fuertes de la jornada con un setlist sobrio, pensado para los más fieles (como ya habían hecho en el Vida Festival un mes antes) y pensado a modo de repaso a toda una carrera discográfica que les ha convertido parte de la banda sonora musical nuestro país. Puedes amarlos u odiarlos, al parecer no hay más opciones, pero lo que está claro es que Los Planetas se encuentran en un momento formidable y que su público los disfruta cada día más.

La realidad es que una servidora no los disfruta como hace 15 años. Lo siento, los respeto y no tengo absolutamente nada negativo que decir acerca de ellos, pero tras un ratito viendo como mis compañeros entraban en un estado cercano a la catarsis decidí acercarme al escenario Jägermeister para apoyar a Dûrga. Los valencianos me hicieron disfrutar de lo lindo con su mezcla de post-rock y de rock instrumental. Riffs directos, juegos de delay, bajos incansables y una batería que se encarga de darle cuerpo a la propuesta. Si tengo que ponerle una pega son las voces de algunos temas, en mi opinión demasiado punks, pero este es un comentario totalmente subjetivo, al fin de cuentas para gustos están los colores y seguramente, la sensación de contraste que tuve es justamente lo que ellos buscaban. Por lo demás, repetiría ahora mismo.

Tras este chute de energía me dirigí de nuevo al escenario principal para ver como otro de los cabezas de cartel de la jornada lo petaba. El trío escocés Biffy Clyro hizo alarde de lo que mejor saben hacer, un concierto rockero, intenso y entregado, que conectó desde el primer momento con los presentes y que para mi tuvo como momento memorable la coreada hasta la extenuación Many of horror’.

Supongo que el subidón que llevaba encima tras los últimos conciertos fue el causante de que mis caprichitos de Santiago favoritos, los Novedades Carminha, me parecieran algo más descafeinados que en otras ocasiones. Quizás el calor también hizo mella en ellos, no lo sé, la cuestión es que lo que habitualmente es una fiesta de inicio a fin, a mi me pareció algo parecido a un medio tiempo salpicado por momentos bailables imposibles de ignorar como las pegadizas ‘Te quiero igual’, ‘Antigua pero moderna’ o ‘Jódete y baila’.

Puse fin a mi sábado con el mastodóntico concierto de Chemical Brothers, uno de los principales reclamos no sólo de la jornada, sino de toda la edición. Independientemente de si te gusta la música electrónica o no, hay que reconocer que el show que los ingleses prepararon es digno de mención a la par que memorable. La pista abarratoda y las gradas llenas disfrutaron de un sonido y un espectáculo de audiovisuales, con proyecciones en 3D, espectacular e impactante.

La única pega que le pongo a la jornada, no tiene nada que ver con el concierto de los Chemical en sí, ya he dicho que me pareció memorable el ratito que lo disfruté. La pega es que la organización, llevaba por el afán de dar cabida a todo el mundo, programó a Bala a la misma hora en el escenario casi contiguo, el Jägermeister. El resultado es que los graves del gigante show de los británicos se colaban de tal manera que resultaba complicado disfrutar de las gallegas. Por lo demás, un Low de 10 hasta el momento.


Domingo 29 de julio

Y llegaba la última jornada, aunque la fiesta para mi había comenzado hacía unas cuantas horas en la Cava Aragonesa del centro bailando uno tras otro temas mamarrachos al inicio e himnos indies ya bien entrada la tarde. Lo sé, no tiene nada que ver con el festival, pero me lo pasé tan bien que me veo obligada a contarlo por si a alguien, el año que viene, le apetece hacer una previa.

Mi domingo arrancó en la Vip Pool hidratándome, antes de un corto escarceo mientras atardecía con Santiago Auseron & Sexy Sadie. Todo esto, para estar al 100% cuando mis adorados Perro salieran al escenario Matusalem. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que no era la única que había decidido jugar la carta de los murcianos en contra del multitudinario concierto de Izal que estaba programado a la misma hora. Lo que vino después fue una vorágine de locura, pogos, saltos, berreos y momentos de hipnosis debido a unos audiovisuales que Héctor de la Puente (querido si lees esto que sepas que te amo) ha montado para la gira de Trópico Lumen. Ironía, mala leche y mucho descaro, ¡Perro son los putos amos!

Después de esta locura tocó el descanso de las campeonas, así que me senté en el césped y quedé a la espera, recuperando energías, de una de mis bandas favoritas de todos los tiempos, Niños Mutantes. Emoción, potencia, clase y su gran número de himnos consiguieron, como ya es costumbre, que el público lo gozase y que su concierto estuviera a la altura de muchos de los internacionales que habían capitaneado las distintas jornadas. Tras esta  nueva maravilla, sólo me queda decir, tal como hice al finalizar el concierto por redes sociales, que espero que llegue el momento en el que los granadinos tengan el reconocimiento que se merecen tras 20 años de carrera dándolo todo sobre el escenario y siendo utilizados a modo la baza que nunca falla, año tras año, por los festivales. Pocas bandas se merecen tanto como ellos estar en el escenario principal. Pero si de nuevo, el año que viene, siguen en el Matusalem, allí estará una servidora rodeada por miles de seguidores, toque quien toque en el otro escenario, arropándolos y gritándoles lo mucho que les quiero.

Llegaba el turno de uno de los cabezas de cartel de la jornada, Editors. La sorpresa del concierto fue que los británicos podrían haber apostado por un concierto centrado en sus canciones más conocidas, que ya son himnos del rock independiente comoMunich’,‘Pavillion’,  ‘Sugar’ o ‘The Racing rats’, pero no. Conscientes de su idilio con el público nacional, decidieron hacer un show similar al que ya nos habían mostrado en salas, centrándose en la presentación de su último trabajo Violence. Una delicia.

A continuación, Kakkmaddafaka, como ya es tradición, organizó una alocada fiesta con su sonido fresco y su puesta en escena canalla. Me lo pasé muy bien, pero no puedo evitar seguir echando de menos a los coristas que antes acompañaban, porque un concierto de los noruegos sin sus coreografías al fondo no es lo mismo.

Mi Low acabó con la fiesta un tanto mamarracha (por favor, que nadie lo lea en tono despectivo) que organizaron Las Chillers. Su propuesta tiene el claro objetivo de que te diviertas como si estuvieras en la verbena del pueblo a las tantas de la mañana, bailando con tus amigos al ritmo de la orquesta de turno y versiones de canciones de toda la vida. Alguno se estará preguntando si lo consiguen, la respuesta es SÍ, así, en mayúsculas.


Una forma inmejorable de poner fin a un nuevo Low, que ha destacado, como ya os he dicho en la introducción por ser capaz de reunir a 83.000 personas sin un sólo agobio o incidente destacable. Una edición en la que ha reinado el buen ambiente, el gran sonido y la organización impecable. Me da en la nariz que no va a ser mi última visita al festival alicantino, porque no puede haber 5 sin 6 😉

¡Hasta el año que viene Low Festival!

#SomosColectivo

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