Crónica del Sonorama Ribera 2018 (1ª parte) – Miércoles y jueves

¡Buenos días amiguitos de raro propósito!

Mi primer Sonorama Ribera fue en 2012. Desde entonces he visto como el festival arandino no hacía más que crecer, llegando en 2015 a pegar el gran estirón y superar la barrera de los 50.000 espectadores. Después de eso, he visto como, año tras año, no dejaba de expandirse para dar cabida a los nuevos sonoritos: nuevas ubicaciones, nuevos escenarios, diversidad en la programación de día… así, de una forma casi vertiginosa, en sólo tres años, se ha duplicado la cantidad de asistentes. Este año, según cifras oficiales, durante sus 5 días, Sonorama Ribera ha acogido a más de 100.000 personas entre los ocho escenarios en los que se han podido disfrutar a 118 bandas y no ha habido ni un sólo incidente reseñable. ¿De verdad hay quien duda de que debamos hablar de éxito rotundo?

El problema de este éxito y crecimiento exponencial de público es que hay muchos que opinan que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, porque pese a que la organización sigue poniendo la misma ilusión y amor por todo lo que hace hay cosas que es imposible no echar de menos. Hay cosas que no han cambiado y que estoy segura que nunca lo harán. Sonorama va más allá, es más que un festival porque es capaz de saltar las vallas del recinto nocturno y extenderse por toda Aranda de Duero, una ciudad que en sus cinco días se vuelca con él. Desde que te levantas, hasta que te acuestas, tienes la sensación de que el festival nunca termina, en cada rincón hay un concierto o un DJ liándola. Cualquier bar, tienda o local de la ciudad, por lo menos de su zona centro y de las calles por las que miles de sonoritos se mueven para desplazarse entre escenarios y desde el camping, es colaborador y saca rendimiento, a la vez que te ayuda. Sólo en Aranda he visto tiendas de tés haciendo bocadillos, bares con ristras de alargos para que cargues el móvil o tiendas de alimentación que te permiten entrar a sus trastiendas para dejar equipos, equipaje o simplemente para cargar los móviles. Esto es una anécdota, pero sólo en Aranda, un señor mayor se me ha acercado con una pulga de zorza y me ha dicho, “toma hija, recobra fuerzas“.

Además en esta edición hemos visto como el festival aprendía de sus errores sacando las casetas de recogida de entradas de la puerta, colocando recogida de entradas en el camping, aumentando el aforo de su recinto nocturno, desplazando la zona de restauración al exterior, innovando con una carpa dedicada al humor y apostando por una variedad en su cartel, cosa que además de ser una de sus principales señas de identidad, debería proporcionar desahogo en los diferentes espacios. Eso sí, todavía quedan cosas que mejorar como conseguir sombra en el escenario de Santa Clara, no tratar los escenarios principales como lugares independientes en lo que a sonido se refiere, mejorar la eficiencia de las duchas del camping y alguna cosilla más a la que sin duda pondrán  solución sin prácticamente despeinarse.

Entonces, ¿cuál es el problema?. Pues el público irrespetuoso que se dedica a hacer botellón, ocupar el espacio sin hacer caso de la música y a hacer guerras con sus pistolitas de agua, sin valorar el alma del Sonorama y el pueblo que les acoge con los brazos abiertos. Este es el principal inconveniente y no tanto la masificación de la que tanto he leído estos días por redes sociales. Si ir más lejos una servidora ha estado 3 de los 4 los días de Trigo y tan feliz en primeras filas, eso sí, no querráis entrar a última hora y colocaros delante porque como en todo concierto, no vais a poder.

La solución a este malestar no tengo clara cual puede ser. Quizás limitar el acceso a las plazas de bebidas que no sean compradas en los bares de la zona podría ser una medida disuasoria para algunos… la verdad es que pocas cosas se me ocurren. Pero estoy segura que la organización, que ya comienza a trabajar en la próxima edición del festival, sabrá encontrar la forma para continuar mejorando y cumplir nuevos objetivos.


Miércoles, 8 de agosto de 2018

Mi Sonorama este año arrancó justo cuando la fiesta de bienvenida en el camping con los conciertos de Disco Las Palmeras!, Triángulo Inverso, Correos y Kid Simius acababa. Justo cuando logré aparcar, ríos y ríos de personitas disfrazadas de las cosas más raras y originales que se os puedan imaginar recorrían las calles para llegar al Café Central y seguir la fiesta. Yo, que ya soy una señora y que llevaba 8 horas conduciendo, fui prudente (sí, yo… flipad) y me retiré a ponerme al día con mis compañeros de este año y descansar.

Por cierto, como dato, para que entendáis la locura que había en el camping, vi como un tiranosaurio se peleaba con un tiburón (concretamente con Diego El Tiburón), todo en tamaño gigante. Como dice el tuit del amigo @bisharron que os adjunto, hay productoras que con menos han hecho trilogías jajajaj


Jueves, 9 de agosto de 2018

La del jueves fue mi jornada favorita. Una jornada que compartí con más de 20.000 personas y en la que disfrutamos de conciertos tan memorables como los de Bunbury, Rozalen o La Pegatina, eso sí, también hubo alguna que otra tomadura de pelo, pero mejor no me adelanto… así fue el primer día del Sonorama.

Mi jueves empezó pronto con un desayuno de esos que te recargan las pilas para una semana, la recogida de la acreditación y la primera de las ruedas de prensa. En ella la Alcaldesa de Aranda en funciones se emocionaba hablando del Sonorama, un evento que según Javier Ajenjo “es un festival diferente. Nos equivocamos muchísimo en 21 años, pero hay algo que nos hace especiales, corregimos. Lo mejor que nos puede pasar es que un día nos copien otros, eso querrá decir que hemos hecho algo bien de verdad“. Y sí, está claro que Sonorama no es como los demás, de hecho hace años que decidieron prescindir de las etiquetas y dar cabida en su cartel a todo tipo de propuestas. Para muestra los dos invitados que teníamos delante, Mikel Erentxu, quien aprovechó para criticar al PP pero alabar la alcaldia de Aranda; y la simpática Rozalen, quien afirmaba “es una putada tocar detrás de Bunbury y Erentxu, pero oye, en el futuro podré decir que ellos me telonearon una vez“.

Rueda de prensa del jueves por Rodrigo Mena

Mientras todo esto pasaba, la Plaza del Trigo ya andaba abarrotada con las actuaciones de Desvariados, Staytons y Jacobo Serra; la Plaza del Rollo bullia con la música de los DJs; en La Sal Floridablanca y Patio Rosemary hacían bailar a todo el que se acercaba; Duque y Tu Otra Bonita, ofrecían unos showcases acústicos en Le Club, ese lugar que tantas alegrías nos dieron el año pasado. Mi festival arrancó justo cuando la primera de las sorpresas del Trigo se anunciaba por al APP, eran Cycle. Este anuncio media hora antes del concierto, es una novedad de esta edición, que aplaudo y que ha servido para que el Trigo esté más accesible que en otras ediciones.

Ya en el recinto, un año más presidido por el Dios Baco, los primeros valientes se agolpaban frente al escenario principal para disfrutar de Tulsa. Por entonces, una servidora andaba descubriendo el recinto con una copa de Ladrón de manzanas en mano con la que me habían obsequiado en la entrada, así pude descubrir: el stand de Jägermusic, la carpa Negrita dedicada al humor, la taquillas donde poder cargar los móviles, la nueva zona de restauración y mercadillos alejada de los escenarios y, sobretodo, pude darme cuenta de lo enorme que es el recinto sin artificios de por medio.

Soleá Morente por Sergi Erre

Llegó el momento de acompañar a mis compañeros de festival al concierto de Soleá Morente, básicamente por ver si compartiendo con ellos el momento acababa de entender su propuestas. Y no, sigo sin entender su fusión, así como la locura que despierta entre algunos, pero oye, para gustos los colores. Lo que sí reconozco es que las nuevas sonoridades de este disco, de las que Alonso Díaz (Napoleón Solo) es culpable en gran parte, me tuvieron entretenida un buen rato y que cuando cantó ‘La Estrella’ se me erizó la piel.  Eso y que independientemente de mis gustos personales, la mediana de Los Morente se dio un baño de masas, derrochó personalidad, arrancó aplausos y muchos suspiros en las primeras filas.

Y así llegaba el momento de que Diego El Cigala saliera al escenario, pero el señor decidió hacernos esperar más de media hora. Me encantaría decir que la espera tuvo su recompensa, pero no… lo que iba a ser la celebración del 15 aniversario del emblemático Lágrimas Negras, se convirtió en una tomadura de pelo en toda regla. No seré yo quien diga el tipo de agua con misterio que El Cigala había ingerido (o no) antes de salir al escenario, sobre las tablas conté tres cubatas, pero creo que todo el que vió como molestaba a los músicos y no era capaz de cantar dos estrofas seguidas porque se dispersaba, estará de acuerdo en que eso no lo hace una persona que sienta un mínimo respeto por el público. Posteriormente, la organización dijo que sabían que se corría ese riesgo al contratar a un artista tan imprevisible, sinceramente, no creo que se esperaran algo tan grotesco. Ninguna queja tengo de los músicos, en cambio, quienes se mostraron profesionales, puntuales y con ganas de ofrecernos un buen show bailable en que se uniría flamenco, jazz, bolero y salsa. Gracias a ellos, su entrega, y a algunos momentos de lucidez del cantaor la cosa no acabó en desastre absoluto, pero esto mismo lo hace en un teatro y, como decía mi amigo Ale, “es para pegarse media vida poniendo hojas de reclamaciones“.

El bochornoso espectáculo de El Cigala repercutió en las siguientes actuaciones. Neuman, por ejemplo, vieron recortada la duración de su concierto. De hecho su líder, Paco Román, no fue capaz de disimular su enfado durante buena parte del recital y eso se notó en la forma de interpretar sus canciones, aunque fue remontando y ganando energía con el tiempo. Desde las primeras filas del escenario principal, mientras guardaba sitio para el concierto de Bunbury, creí ver como cortaban sonido al escenario Aranda de Duero, dejando a Paco hablando sin amplificación. Espero que sólo fuera una sensación y que los fieles que se agolpaban frente a él sí le escucharan, porque sino es para enfadarse DE VERDAD.

Bunbury por Sergi Erre

A continuación Bunbury, dios de dioses (como podéis ver voy a ser muy objetiva). A estas alturas de 2018 y tras varios conciertos de la gira Expectativas, creo que puedo afirmar sin equivocarme que este último disco, ha sido un chute de energía para el zaragozano. Su dominio del escenario es indiscutible, lo analices en la época que lo analices, pero ahora tengo la sensación, tras varias giras un poco más flojas, que vuelve a disfrutar de todo lo que hace y eso, aunque no quieras y aunque no seas seguidor suyo, se contagia. Temas nuevos como ‘La ceremonia de la confusión’, ‘La actitud correcta’ o ‘Cuna de Caín’ sonaron vigorosos. Los juegos de luces y los nuevos arreglos, destaco la aportación del saxo, hicieron que viejas composiciones y grandes éxitos como ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’ o ‘De todo el mundo’ sonaran totalmente actuales. Pero si hay temas en los que la aportación de Los Santos Inocentes, su magnifica banda, fueron ‘Infinito’ o mi adorada ‘Lady Blue’, es increíble como pueden pasar sin apenas esfuerzo del jazz, al blues, al cabaret o al rock mas intenso. Obviamente, teniendo en cuenta que en sus directos rescata temas de casi todas sus etapas, no podia faltar el regalo a sus fans mas antiguos, un obsequio que llegaria en forma de ‘El mar no cesa’, ‘Héroe de Leyenda’ y una espléndida ‘Maldito duende’, con bajada al público incluida en varias ocasiones. ¡Sublime!

Agotada y algo emocionada, me dirigí al escenario Burgos Origen y Destino para disfrutar de Pasajero cinco años después de su genial concierto de La Plaza del Trigo. Madre mía, es que cinco años son muchos años, pero ellos tan sonrientes como el primer día y haciéndonos vibrar con los temas de su último trabajo Antídotos fugaces. A partir de ese momento llegaría casi una hora de un jugueteo con cambios de intensidades, desde la melancolía de ‘Desconocidos’ a la energía de ‘Francotiradores’; pero como era de esperar tampoco faltaron trallazos de su primer disco como ‘Borro mi nombre’ o ‘Autoconversación’, ambos adictivos y que acabaron suponiendo algo así como un éxtasis colectivo. Y es que Pasajero, aunque se hayan dotado de nuevas sonoridades electrónicas, siguen siendo una banda de rock, lo cual implica manejar a la perfección los contrastes y los cambios de revoluciones.

Pasajero por Sergi Erre

Como cambié de zona un buen rato, cuando volví a los conciertos de los escenarios principales, Rozalen estaba sobre el escenario y no sé muy bien como, los horarios volvían a ser los anunciados. Me quito el sombrero ante la actuación de la albaceteña que ya me había ganado por la mañana en la rueda de prensa y que volvía a hacerlo con su simpatia y luciendo una camiseta de Soziedad Alkoholika. Sus composiciones transmiten luminosidad a través de estilos muy variados que se envuelven en la defensa de causas como la memoria histórica, la lucha contra el cáncer, o, por supuesto, feminismo. Todo esto con una sonrisa y acompañada de Beatriz Romero que traduce cada palabra y cada verso al lenguaje de los signos en directo.

Tras el chute de energía anterior, el de Elefantes me pareció un concierto correcto, sin más. No sé explicaros el por qué. Quizás fuera por la hora, por mi cansancio o porque realmente no estuvieron tan enérgicos como en otras ocasiones. La cuestión es que incluso antes de que finalizaran yo ya andaba hidratándome en la zona vip y viendo como el escenario principal comenzaba a convertirse en una olla a presión a la espera de La Pegatina. Mi noche acabó precisamente con ellos, una banda que como vengo diciendo desde hace tiempo se subió en su día en un cohete y nadie sabe lo alto que van a llegar, cada directo es una fiesta mayor que la anterior. Y claro, en el Sonorama, como en toda buena fiesta tampoco faltaron bailes, bromas y el confeti, algo que con ellos llega desde el primer acorde para que te prepares para el tsunami que se te viene encima. El secreto de éxito es que llevan años girando con la misma energía del primer día y eso el público lo agradece coreando cada una de las letras, no importa que las canciones sean de los primeros o de este último disco.

La Pegatina por Rodrigo Mena


Y hasta aquí la primera parte de esta crónica, en breve os cuento el resto 🙂

#SomosColectivo

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