Crónica del Arteficial 2018 “Pequeño reducto de la música alternativa”

En el amplio mundo festivalero que hace que a nuestra agenda de verano le falten hojas, existen pequeños reductos que se mantienen edición tras edición a base de mucho trabajo, cantidades ingentes de ilusión y amor a la música y, hay que decirlo, cabezonería, necesaria para pelear hasta el punto de hacer milagros y con un presupuesto minúsculo conseguir ofrecer una programación sobrada de calidad y en espacios realmente exquisitos. Uno de esos reductos se encuentra en Ribadavia y es el Festival Arteficial que el pasado día 1 de septiembre volvió a dar una master class de lo que es hacer un festival de primera división con presupuesto de tercera regional.

En las primeras horas del mes de septiembre, la Iglesia de la Magdalena ejercía de perfecta anfitriona, engalanada con los murales creados por Pouvelle Studio, para recibir a los primeros asistentes al festival. Una jornada que se presentaba muy calurosa pero también repleta de actividades para todos los gustos. Recital de poesía, talleres de manualidades, música y patrimonio para niños y una variada programación musical, fueron los platos principales del menú cultural que la organización nos había preparado, todo ello aderezado con buenas cantidades de buen ambiente y ganas de pasárselo bien.

Los más madrugadores pudieron disfrutar en la Plaza de la Magdalena de la psicodelia y experimentación de Guau! y del virtuosismo de Sara Fontán capaz de crear con su violín sonoridades de estilo inclasificable a la vez que emocionantes, mientras que la artista brasileña LaBaq llenaba los espacios de la iglesia de la Magdalena de la sensibilidad que derrochan sus canciones.

Esta redactora hizo acto de presencia en la Plaza de Buxán cuando Pantis ya llevaba un rato sobre el escenario Mahou. Allí tendría lugar el grueso de la programación musical de la jornada que comenzaba con el pop electrónico e intenso del artista gallego. Con él se pudieron ver los primeros bailes de la tarde que podrían haber sido mucho más efusivos de no ser por las altas temperaturas que nos pedían cautela. Digna de alabanza es la entrega de Pantis sobre el escenario a pesar de las condiciones meteorológicas, más de una vez temí que le pasara factura la sudada que se estaba pegando con tanto bailoteo a pesar de no faltarle hidratación.

De un palo diferente pero igualmente gozoso es el pop que supuran todos y cada uno de los temas de Oh! Ayatollah. La banda gallega que daba sus primeros pasos en 2015 con el firme objetivo de pasarlo bien, dejó de manifiesto que ese fin sigue siendo una prioridad y no solo para ellos, también para nosotros. Era la primera vez que les veía en directo y lo gocé todo y más con los sonidos sesenteros de ‘Animal’ y el sonido más duro y garajero de ‘Desaparecer’.

El bailoteo distendido y alegre dio paso a la experimentación y a la fusión de estilos y sonoridades que supone la música de Big Ok, uno de los platos fuertes de la jornada que me dejaron atónita. Sus canciones son una extravagante y a la vez preciosista mezcla de rock, post-rock y hasta me atrevería a decir que free jazz por las numerosas improvisaciones en sus temas. Una perfecta muestra de que otro tipo de música es posible y también decirlo, necesaria para nuestro enriquecimiento cultural.  Un fantástico descubrimiento al que le seguiría, en mi opinión, uno de los mejores conciertos de la jornada, el de los portugueses Whales.

Si hay algo que me gusta del Arteficial es su apuesta por sonidos innovadores pero también por tener presente e insistir en acercarnos los buenos trabajos que se están llevando a cabo en el país vecino. Honestamente, no había oído hablar de Whales hasta que su nombre apareció en el cartel del festival y ya os puedo decir que no me voy a olvidar de ellos. Ofrecieron un concierto impecable en el que nos pusieron a bailar sin demasiado esfuerzo. La atmósferas sonoras creadas a base de sintes y electrónica, crearon un ambiente envolvente al que era casi imposible oponer resistencia. Aprovechando la entrada de la noche y que las temperaturas habían bajado un poco, disfruté de su concierto de la única manera posible, bailando dejándome llevar por su música como si de una flauta encantadora se tratase.

Después de tan buena experiencia tocaba abandonar la Plaza de Buxán y trasladarnos a la Capela da Oliveira para encarar la recta final del festival. Cual fue mi sorpresa cuando me encuentro con que los siguientes conciertos se iban a realizar en el entorno de una iglesia, con sus tumbas incluidas, y con una exquisita iluminación. Cuando os digo que el Arteficial es un reducto alternativo, es por algo.


En ese alucinante entorno Isaac Pedrouzo nos ofreció una sesión brillante a base de temazos de bandas gallegas entre las que no faltaron Os Amigos dos Músicos, los nunca suficientemente añorados Niño y Pistola o Novedades Carminha. No me cansaré de decir que hoy en día parece que puede pinchar cualquiera pero no todo el mundo es Dj e Isaac Pedrouzo lo ratificó. Ser residente de dos locales como el Pub Black y del Café & Pop Torgal, ya son credenciales más que suficientes pero esa noche este artista dejó bien clara la diferencia. Mis más sincero respeto y admiración.

Y llegaba para mí uno de los momentos más esperados, el del concierto del Chalo Correia ¿Por qué? porque desde que escuché sus canciones supe que iba a ser un momento único. Un concierto en el que dejarse llevar por la música de raíces y bailar como si solo hubiésemos nacido para ello. Un volver a los orígenes, a los instintos primarios, a olvidarse del estrés diario, el  joie de vivre en formato musical. Todo eso es lo que transmite en directo Chalo Correia y solo por sentir un poco de todo eso ya es motivo suficiente para desear que su música nos envuelva. Toda una experiencia que no creo que vuelva a repetir tan pronto pero que recordaré siempre.

Con tan buenas sensaciones llegaba para mí la hora de despedirme de gente a la que aprecio, de la siempre querida villa de Ribadavia por todo lo que ella me ofrece y del Arteficial, ese reducto de buena música y buen trabajo que con tanto esfuerzo saca adelante su organización. Llegaba para mí el final de la jornada pero al festival todavía le quedaba. Me esperaba una hora de coche y la propuesta de Esteban y Manuel no me atrae tanto como para apelar a mi irresponsabilidad y seguir de fiesta. Me fui, es cierto, pero con la sensación de haber vivido algo auténtico y bonito y pensando ya en la edición de 2019

¡Larga vida al Arteficial! porque “a música non pode non ser”
#SomosColectivo

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