Crónica de la 1ª jornada de O Son do Camiño 2019

Los días 13, 14 y 15 de junio, o Monte do Gozo volvió a convertirse en centro de peregrinación musical. Arrancaba la segunda edición del festival O Son do Camiño con el run run que le acompaña desde su nacimiento sobre sus cifras y programación. Siendo honesta, el cartel de esta segunda edición del 2019 lo salvaba para mí su letra pequeña. Sus grandes nombres no me resultaban lo suficientemente atractivos, ya sea porque no es el tipo de música que más me atrae o porque considero que no aportan nada nuevo a la escena musical actual. Sea como fuere, había cosas interesantes por las que valía la pena desplazarse hasta Santiago y la más importante, la música en directo me gusta más que a un tonto un lápiz.

Antes de comenzar a hablaros sobre los conciertos que más o menos llamaron mi atención, un par de detallitos a comentar. Lo del cambio de horarios a 3 días del comienzo del festival, bueno, puede descolocar un poco pero a tiempo suficiente para organizarse. Lo de cambiar los horarios ya comenzadas las jornadas del viernes y sábado, no me parece para nada correcto salvo causa justificada y, siendo así, hazlo saber por todos los medios posibles habidos y por haber que no todo el mundo está pendiente del móvil durante el festival, al menos los que vamos a disfrutar de la música en directo y no a inmortalizar cada paso que se da en el recinto. Véase el sustancial cambio de horario de Varry Brava y el más que incómodo “vacío” después del concierto de Rosalía. Más de media hora sin conciertos hasta que comenzasen Black Eyed Peas que igual se haría más llevadero si el tiempo acompañase, En cualquier caso ese tiempo sin nada que hacer salvo comer y beber en un programación tan amplia y ambiciosa no tiene explicación.

El comienzo de las jornadas anteriores a las 5 de la tarde y teniendo en cuenta que acceder al recinto requería en la mayoría de los casos una caminata de no menos de 30 minutos, me parece un flaco favor para las bandas que tocan a esas horas y para los que tienen una distancia cercana a 100 kms desde su domicilio al festival y que tienen interés por conocer nuevas bandas. No somos muchos pero todavía quedamos unos cuantos.  Igual es más interesante una programación menos extensa y con unos horarios más acordes para unos y para otros.

Lo acabo de mencionar, el acceso en esta edición al recinto del festival podría equivaler al entrenamiento para una etapa del camino de Santiago. Caminar durante ese tiempo a las cuatro de la tarde cuando a las nubes se les da por apartarse y dejar ver al sol, bien merece un puesto de avituallamiento con barritas energéticas y bebidas isotónicas. Muy bien lo de los autobuses lanzadera, muy bien lo habilitar varias zonas de parking pero sería fetén que estuviesen un pelín más próximas.

Y ya por último, mira que suelo defender la programación con diversidad de estilos y géneros, pero lo de esta edición no acabo de verlo. Mezcla extraña de estilos y de público que no acabó de convencerme y por momentos hasta me hizo sentir…. ¿fuera de lugar? Bueno, dejémoslo en una opinión muy subjetiva pero, demasiada chavalada para mi gusto.

Dicho todo esto con el respeto que merece, paso a comentaros los conciertos que más me interesaron de cada una de las jornadas ¡Vamos allá!


Jueves, 13 de junio

Con la cosa de los horarios tempraneros y la caminata de 45 minutos que me pegué hasta el punto de recogida de credenciales me perdí conciertos que me apetecía muchísimo ver. Con mucho pesar a Alice Wonder, Kitai y Molina Molina ya los había descartado por horarios pero esperaba llegar a The Royal Republic y me dolió en el alma perdérmelos, sobretodo cuando me comentaron que tenían un directo fabuloso.

Acababa de recoger mi acreditación de prensa cuando pude oír como sonaba a lo lejos ‘En Otra Dimensión’ de Second. Como comprenderéis perderme su concierto ya sería para que se me fuese el espíritu festivalero de un plumazo, así que puse pies en polvorosa y entré en el recinto corriendo como si la vida de alguien dependiese de mi presencia en el concierto. Recuperado el aliento y bien situada pude disfrutar del buen concierto que se marcaron los murcianos. Con un setlist en el que los temas de su último trabajo Anillos y Raíces se mezclaban con clásicos como ‘Rodamos’, ‘Muérdeme’, ‘Nivel Inexperto’, ‘2502’ o ‘Rincón Exquisito’, consiguieron ir metiendo al numeroso público en ambiente. Disfruté mucho del concierto aunque me hubiera apetecido escuchar como ‘Autodestructivos’ o ‘Psicopáticos’ con más garra que ‘Primera Vez’ o ‘Invierno Dulce’. Pero vamos, que es una opinión subjetiva de fan con ganas de saltar y bailar.

El siguiente concierto fue el de Richard Ashcroft en el escenario Estrella Galicia y cuál fue mi sorpresa cuando veo al inglés sin más compañía que su guitarra en medio de tremendo espacio para dar un concierto acústico. No voy a decir que fue un mal concierto, en absoluto, pero diré que no era lo esperado. Si yo leo en un cartel que toca Richard Ashcroft, lo primero que pienso (e imagino que la inmensa mayoría también) es que viene con banda. Si no es así, lo mínimo es advertir que será un acústico y que la gente sepa qué es lo que va a ver, además de que no me parece el mejor escenario para un concierto tan íntimo como el que ofreció. Otro tipo de entorno hubiera sido más justo para el artista y público interesado en verle y hubiera dado ocasión de disfrutarlo muchísimo más. Con todo, ole por Richard Ashcroft y su arte.

Todavía no estaba yo como muy metida en el festival hasta que llegaron Graveyard. Fue una auténtica gozada ver a esos cuatro músicos suecos llenar cada esquina del recinto de metal, psicodelia y rock con aroma setentero, pero más gozoso fue todavía dejarse embriagar por la potencia de ‘Please Don’t’ o los brillantes más de seis minutos de ‘Low (I Wouldn’t Mind). Enormísimos y para mí lo mejor que vi en esa primera jornada que llegaría a su fin con el multitudinario concierto de Bastille.

La banda londinense hacía acto de presencia ante un público entregado y ávido por disfrutar de su espectáculo y de los temas de su último álbum Doom Days. Por primera vez en tierras gallegas, sus vistosas proyecciones y un fantástico sonido sirvieron como tarjeta de presentación, a la vez que su líder Dan Smith hacía gala de una gran voz mientras no dejaba de moverse a lo largo y ancho del escenario, y de su encanto tratando de expresarse en gallego. No pude quedarme hasta el final pero seguro que no me equivoco si digo que Pompeii desató la locura en O Monte do Gozo, locura que ya comenzaba a dar síntomas de su presencia justo cuanto encaraba la salida del recinto.

Retirada temprana pero obligada. Todavía quedaban dos días más de festival y, en ocasiones, la obligación se impone a la devoción.

#SomosColectivo

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