Crónica Embassa’t 2019

¡Buenos días amiguit@s de raro propósito!

Tras años y años recorriendo distintas citas festivaleras, cada vez tengo más claro que los grandes eventos están bien, pero que la verdadera mágica se encuentra en los de pequeño formato. Festivales como el Embassa’t, que cumplía este año su 11ª edición, en los que se cuida hasta el más mínimo detalle y en los que se respira ilusión y esfuerzo en cada uno de los rincones del recinto.

El EMBASSA’T {Festival Independent del Vallès} llegaba este año plagado de novedades. Nuevos patrocinadores, nueva cerveza, nuevo recinto, situado en la zona esportiva de la Bassa de Sant Oleguer, y lo que más ilusión le hacía a una servidora, una pulsera de tela con chip de sistema de pago “cashless” que funciona tanto en las paradas de comida, como en las barras. Otra de las grandes novedades de esta edición fue el escenario Club, situado a la izquierda del Yearphone y que se encargó de hacer las delicias de los fans de la electrónica durante todo el festival.

Pero también hubo muchas cosas que no son novedad como un cartel de calidad formado principalmente por artistas y bandas de la escena alternativa y electrónica, tanto emergentes como consagrados. Así como la posibilidad de que los 2400 asistentes, superando las cifras de anteriores ediciones, disfrutaran de más de una veintena de conciertos cercanos sin aglomeraciones ni molestos solapes.


Viernes 14 de junio: ‘La noche más bailable’

Por cosas de la vida y del trabajo, básicamente, no pude entrar todo lo pronto que me hubiera gustado al recinto. Mi entrada y las primeras risas con los voluntarios del Embassa’t coincidieron con los primeros acordes de Ljubliana & The Seawolf en el escenario Yearphone. Los barceloneses son una de esas bandas inquietas artísticamente que a pesar de tener una gran calidad, una puesta en escena diferente y un directo inapelable, permanecen ocultos de la mayoría, pese a ser uno de mis grandes descubrimientos de 2019. Este desconocimiento se notó en los primeros temas del concierto, pero los temas de su último trabajo Libra, así como la motivación de los músicos y sobretodo, la puesta en escena de su frontman, Pol Batlle, que no deja de moverse teatralmente, bajar al público o enredarse en el micro, no dejan indiferente a nadie por mucho tiempo, les conozcas o les acabes de descubrir.

A continuación, llegaba el turno de El Petit de Cal Eril en el escenario principal. Una apuesta destinada a rebajarnos las pulsaciones y a dejar patente que los organizadores están comprometidos con las bandas que les apoyaron desde la primera edición. Joan Pons ejerciendo de mesías espontaneo, pedía a los asistentes que se acercaran al concierto con un “Veniu germans, apropeu-vos“, a partir de ese momento, se iniciaba un repaso por toda su discográfica, recalando con mayor hincapié en el último trabajo que presentó el pasado mes de mayo, L’energia fosca.

Cerveza artesanal en mano, marca Nómada para ser más precisa, que maravilla poder elegir entre tanta variedad, me hidrataba sabedora de las próximas horas que me esperaban con la dupla de Cala Vento y Joe Crepusculo, sí, como lo leéis, del tirón. La fiesta empezaba con Cala Vento, mi fetiche, una de mis bandas favoritas del momento, he asistido a tantos conciertos suyos desde que los descubrí en el Xtrarradio, que si inventaran la categoría seguro tendría algún tipo de récord Guiness. Empiezo así para que me perdonéis el no poder dar mucha información acerca del orden de las canciones porque básicamente me dediqué a disfrutar, eso sí, lo que os puedo garantizar es que los temas que forman parte de Balanceo, su último trabajo, están perfectamente integradas en las mentes de todos los fans que nos agolpamos en el escenario Yearphone. No importa que suene el ya himno para muchos ‘Isabella Cantó’ o ‘Todo’, una de las más recientes, los asistentes las corean y las poguean como si no hubiera mañana; algo que para muchos puede sorprender teniendo en cuenta que sus únicas armas son una guitarra y una batería. Pero no os dejéis engañar por las apariencias, porque este dúo del Empordà ha conseguido a base de fuerza, buen rollo y letras costumbristas llegarnos muy adentro y eso, no se consigue con más instrumentos, se consigue con esfuerzo y muchas horas de furgoneta.

A continuación, llegaba la apoteosis en forma de Crepus, sintetizadores y su inseparable Aaron Rux.  Supongo que en buena parte lo que hace adictiva su propuestas es esta sencillez envuelta en mamarracheo, extravagancia y, como él mismo dice, bakalao. La fiesta y el baile fue in crescendo a medida que temas que ya son himnos como el medio tiempo ‘Rosas en el mar’; la electrocumbia de “Tus cosas buenas”; la surealista y adecuada al entorno ‘Pisciburger’, el rompepistas ‘Música para adultos’ o la suprema ‘Suena brillante’, iban sonando. El cierre y momento cumbre de la noche, llegó, como no podía ser de otra forma con ‘La fábrica de baile’. Pieza maestra de su discografía con ocurrió lo nunca visto y mira que he asistido a una infinidad de conciertos de Joe. No hubo invasión del escenario y claro, eso fue como un coitus interruptus, así que el personal no paró de cantar “Inténtalo, ¡Apaga este motor en movimiento! Mi fábrica de baile no cabe en tu corazón pequeño” hasta que volvieron a subir a las tablas y se marcaron un bis.

De camino al escenario Yearphone, para disfrutar de la vuelta de Làsers y sus beats, se organizaron congas y coreografías improvisadas todavía al ritmo de ‘Mi fábrica de baile’ y es que este tema tiene algo adictivo. Mi final de noche tuvo nombre finlandés, ¡qué maravilla lo de Kiasmos!


Sábado 15 de junio: ‘La noche de Novedades Carminha’

El sábado arrancaba con otra de las novedades de esta edición, el Aperitiu de l’Embassa’t, una propuesta que combinó desgustaciones de cerveza y comida, con eléctronica diurna y hasta una “silent disco”. Más adelantem en las primeras horas de la tarde tuvo lugar, el ya clásico, Petit Embassa’t con las actuaciones de 2 Princeses Barbudes y el taller de percusión de SolRe. Una actividad que además de acercar la música a los más pequeños les proporciona zona de juegos y talleres, uno de ellos de pintura que decoró el suelo del escenario Yearphone.

Yo decidí dar su espacio a los festivaleros más pequeños y mi entrada al recinto coincidía con el final del concierto de Ferran Palau, básicamente porque elegí como primera banda del día a las divas de Cariño. Un concierto algo inusual ya que María, voz principal del trío, nos informó de que andaba un poco afónica por cosas de la vida, básicamente las chicas llevan un tute festivalero que no sé ni como siguen vivas. La cosa es que Alicia ayudó con las voces y eso provocó que algunos de sus temas estrella como ‘La bajona’, ‘Mierda Seca’ o ‘Bisexual’, sonaran algo distintas. Pero vamos, nada que amedrente su simpatía y carisma, tampoco algo que reduzca la capacidad de pegada de su ‘tontipop’ con letras de esas que parecen que te describen.

A continuación, con una afluencia de público bastante más notoria que la del viernes a estas horas, saltaban al escenario Mourn y yo no podía dejar de pensar, madre mía, lo mucho que ha madurado y evolucionado el sonido de esta banda. La jugada perfecta para amantes del post punk y el grunge más noventero.

La recta final de la jornada, también la más bailable, llegaba de la mano de mis caprichitos de Santiago favoritos, Novedades Carminha, y su particular ‘Verbena’ musical. Este era el gran reclamo de esta jornada en del Embassa’t en la jornada del sábado y eso se notó en la asistencia de festivaleros al recinto. Por su parte, los gallegos, que durante un tiempo parecían encasillados en el garaje más descarado con su último trabajo se han dejado llevar, se dedicaron a hacernos gozar, ya sea desde el rock más puro, la cumbia o incluso, si hace falta, usan autotune. Novedades utilizan todas las armas que están en su mano para el disfrute de los presentes y para que todos nos marquemos unos buenos bailes. Lo más aclamado, como ya es costumbre, fueron sus himnos de siempre como ‘Antigua pero moderna’ o ‘Quiero verte bailar’.

Tras este subidón de revoluciones, me relajé en la zona de descanso de San Miguel, cerveza en mano con el electro pop de Kazy Lambist. Todo para recuperar energías y darlo todo con Delaporte, el dúo electrónico madrileño que tras nacer haciendo versiones, saltaron a la fama cuando su tema ‘Un jardín’, se convirtió en la sintonia de ‘Fama A Bailar’. El show es muy bailable, pero bastante básico. Varios sintetizadores y secuenciadores sobre el escenario y el dúo dispuesto a dejarse la piel, sobretodo Sandra Dellaporte, quien ataviada con un vestido fluorescente hipnótico, no dejó de bailar y moverse durante todo el concierto.

El punto y final fue obra, al igual que en la jornada del viernes, del DJ Tilt!.


En definitiva, una nueva edición del Embassa’t, una nueva edición de 10 y una nueva muestra del dicho “al pot petit hi ha la bona confitura”. ¡Hasta el año que viene amiguis! ¡Larga vida al Embassa’t!

#SomosColectivo

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